Una persona con un trastorno de la personalidad dependiente se caracteriza por la excesiva dependencia de otras personas en todo aquello significativo de sus vidas. Su actitud es de carácter pasivo, lo que implica que adopten otros sus responsabilidades y decisiones sobre todo en cuestiones importantes.
En general ocurre con mayor frecuencia entre el género femenino y es consecuencia de una baja confianza y seguridad en uno mismo, debido a su percepción de poca valía en general.
Debido a su pobre autoconcepto y a la percepción de incapacidad que tienen de sí mismos (no deciden, son poco resolutivos). Prefieren que otros decidan por ellos diciéndoles todo lo que deben hacer (incluso hasta preguntar qué estudian o en qué trabajan, con quién relacionarse, qué hacer en su tiempo libre...).
Así, se establece una fuerte dependencia con ciertas personas sin las que la vida les parecería una tortura y sería imposible vivir, angustiándose cuando estas personas se ausentan durante pequeños periodos de tiempo.