Nos pasamos el tiempo recordándonos lo corta que es la vida y lo rápida que pasa. Aunque cuando realmente te das cuenta de lo extensa que puede llegar a ser, es cuando se te ocurre guardar algo en el armario y ya no hay sitio. Ahí estás, frente a la caja de Tetris, sin espacio donde guardar lo que supuestamente has ido adquiriendo -en base a una gran necesidad a cubrir que, en este preciso instante, afirmas que no fue tal- gracias al empuje consumista absurdo de este mundo capitalista y generador de falsas necesidades en el que pasamos la existencia.
Frente al armario, pienso en la practicidad del almacenaje y cómo seguir embutiendo las nuevas piezas para que encajen. Así que, me remango la camisa. Y heme ahí, brazos en jarra, paseando una apretada mirada por la superficie milimétricamente envasada, para decidir por dónde es que voy a hacer el hueco.
Ese momento delante de un armario cinco puertas o de un socorrido trastero es un lugar idóneo para que la mente divague. ¿Sabes esto que se dice de guardar cosas por si acaso las necesitas en algún momento posterior?








