Fotografía: Ross para Las llaves del ático.
"Anoche soñé contigo, mi hermana y yo éramos pequeñas y tú
mucho más joven. Jugaba contigo, aplastándote la nariz y las orejas y tú te
dejabas e incluso te reías….Entonces sabía que me querías.
Y ahora que te has ido…me siento confusa pero te siento
cerca y también sé que me quieres y me cuidas.
En los últimos años que pasé fuera de casa, casi no hablaba
contigo en mis visitas pero sabía, que te quería y que entendías mis enfados.
También sabía que estabas orgulloso de mí, aunque no me lo decías.
No quería aceptar tu enfermedad y me rebelé contra
ella…tenías mucho por hacer y por ver, no podías dejarte ir, no.
Pero lo hiciste. Te fuiste y ya no sufrías pasivamente. Me
alegre por ello.
No podías, no debías irte…aún no, todavía no….tenías que
terminar proyectos, tenías que cuidarnos, querernos….no puede ser…
Decían que me despidiera, que estabas en coma.”Ponte bien y
sigue”, era lo que se quedo en mi mente, pero no podía decirte eso.
Quería irme….mañana será otro día…
“No te vayas…tu padre….”
No podía ser.
Antes de poder asumirlo…pasaste tapado…..si podía ser.
Y yo no podía llorar, estaba congelada…
Desde entonces hasta el viaje al pueblo todo fue lento y
rápido, frío y calor.
Y tú… ¿dónde estabas?
Miro y vero tus ojos, tu nobleza, tu sonrisa, tus
chistes….veo una familia unida, te veo en ellos, te veo en mí.
Campos de confusión, llantos desgarrados, rabia contenida….y
vuelta a la vida de antes…. Con temblor en las manos y mirada profunda…. La vida
de antes se descoloca….duele….
Un pequeño detalle me recuerda a ti y me traslada al
pasado…parece que te huelo…me siento protegida otra vez…
Por las noches me vuelves a cantar para que me calme y poco
a poco la vida se va recolocando….
Te siento cerca y en paz, sin palabras, me has dado otro
regalo, que no sabría explicar…
Veo un camino, el mío, y me invitas a seguirlo. Tú ya anduviste
el tuyo. Y estarás dándome el empujón que me falta, como siempre y sin
palabras".
(Autora: Raquel Cebrián Casado)
***
Hay noticias que disparan tantos sentimientos que, a veces, resultan contradictorias por el impacto que generan al provocar un extremo dolor. La noticia de la muerte de un ser querido o alguien cercano, saber que no se le volverá a ver, ni hablar, ni tocar... hace que se sienta un profundo pesar. Nos preguntamos cosas sin sentido, tratando de encontrar respuestas que no llegarán.
Como emoción que es, la que se genera ante un fallecimiento, también cambia. Hay que ajustar ese dolor y encajarlo como una pieza más en nuestro día a día.
A este proceso de cambio en las emociones se le llama proceso de duelo.