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lunes, 27 de abril de 2020

43. Crónicas de un encierro involuntario.


43.


Hola, no sé ni cómo empezar, estoy pasando en el campo el confinamiento y la verdad es que me considero una privilegiada, pues cuando veo las noticias o lo que me cuentan la familia o amigos de lo que está pasando en Madrid, se te cae el mundo al suelo.
Estos días te das cuenta de muchísimas cosas, entre otras me acuerdo mucho de la gente mayor en las residencias, en la soledad de sus casas, etc. y menos mal que hay mucha solidaridad de cuidadores, vecinos, etc.
Pero, dónde están los hijos?

domingo, 19 de abril de 2020

35. Crónicas de un encierro involuntario.

35.

Mis emociones en estos momentos están revolucionadas. Siento miedo, por mis padres, por ser mayores, mi padre está operado del corazón, hace tan solo 7 meses, mi madre está muy bien. Siento pena por no poder abrazar a mis hermanos, que junto a mis padres son mi vida. 
El otro día, vi a mi hermano en el súper y ufff madre mía, que ganas de llorar,

miércoles, 24 de octubre de 2018

"LA PÉRDIDA DE UN SER QUERIDO" POR VICENTE PRIETO CABRAS.


Hoy os presento el nuevo libro de un gran psicólogo y compañero de gabinete, Vicente Prieto, que estoy segura será de vuestro interés. Un libro para abordar las pérdidas y el duelo y sentirse mejor sin olvidar.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

CRECER ES APRENDER A ENCAJAR PÉRDIDAS

Tantas veces has escuchado el "hay que crecer", "madura", "ya crecerás y lo entenderás"... que cuando llega el momento te das cuenta de lo que se complica una frase tan corta... 
Y ¿por qué se complica tanto si sé que crecer también es perder?
Porque esta es la realidad y forma parte de la vida. Y vivir, a veces, implica morir un poco y otras, morir del todo.
Encajar una pérdida no solo se refiere a la desaparición de un ser querido, si no también, a un trabajo, un proyecto, a una relación, un sueño... y, es aquí, donde aparece el duelo. El proceso psicológico necesario para crecer cuando lo que quiero se escapa y, aún así,  seguir viviendo.
Si te fijas en tu vida, te darás cuenta la cantidad de veces que has dicho adiós. Sería como pasar microduelos, en ocasiones diarios, sobre elecciones y renuncias que hacemos en lo cotidiano. Has dicho adiós a tus amigos de la infancia, del instituto, de la universidad, a tus padres, a tus perros, a tus abuelos, a tus parejas, a trabajos, a compañeros, a tus ilusiones... 
Es nuestra realidad, nuestra cotidianidad. Una ley de vida la de separarnos en algún momento, en algún tramo vital, en algún recuerdo... Los vínculos no son siempre tan estables y los que lo son, irrremediablemente acabarán.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

EL DUELO DIFERIDO



Un soleado día de verano mientras daba un paseo a orillas del mar, me encontré con una amistad cercana de la familia con la que, charlando animadamente de diversos asuntos, llegamos a confidencias más personales, contándome que en el día de la muerte de su padre -al que quería intensamente- fue completamente incapaz de llorar. Ni una sola lágrima brotó de sus ojos. Sus mejillas permanecieron secas largo tiempo, como si aquel acontecimiento careciese de importancia. Anulada su tristeza, consiguió vivir con ello durante unos meses y seguir su vida como si tal cosa. 
Un día de otoño se levantó de la cama y de forma rutinaria se preparó un café, cogió el bote de comida para los peces y, frente a aquel precioso acuario, descubrió con mirada de estupor la desdicha hecha realidad. Aquel fantástico escalar que su padre le regaló otrora, yacía inerte en las apacibles aguas del rectilíneo y trasparente féretro acuífero. Ya nada podía hacerse. Y las lágrimas surgieron sin demora y a borbotones. Sin freno, siguió desconsolada por horas y días mientras pocos entendieron el motivo de su desamparo. Su profunda tristeza fue incomprensible incluso para ella en aquel momento y cuando fue consciente de todo el significado  que contenía aquel pequeño ser vivo, dejó de llorar y comenzó a aceptar su tristeza y pasar su duelo.

jueves, 18 de abril de 2013

El proceso del duelo

Fotografía: Ross para Las llaves del ático.
       "Anoche soñé contigo, mi hermana y yo éramos pequeñas y tú mucho más joven. Jugaba contigo, aplastándote la nariz y las orejas y tú te dejabas e incluso te reías….Entonces sabía que me querías.


Y ahora que te has ido…me siento confusa pero te siento cerca y también sé que me quieres y me cuidas.
En los últimos años que pasé fuera de casa, casi no hablaba contigo en mis visitas pero sabía, que te quería y que entendías mis enfados. También sabía que estabas orgulloso de mí, aunque no me lo decías.
No quería aceptar tu enfermedad y me rebelé contra ella…tenías mucho por hacer y por ver, no podías dejarte ir, no.
Pero lo hiciste. Te fuiste y ya no sufrías pasivamente. Me alegre por ello.
No podías, no debías irte…aún no, todavía no….tenías que terminar proyectos, tenías que cuidarnos, querernos….no puede ser…
Decían que me despidiera, que estabas en coma.”Ponte bien y sigue”, era lo que se quedo en mi mente, pero no podía decirte eso.
Quería irme….mañana será otro día…
“No te vayas…tu padre….”
No podía ser.
Antes de poder asumirlo…pasaste tapado…..si podía ser.
Y yo no podía llorar, estaba congelada…
Desde entonces hasta el viaje al pueblo todo fue lento y rápido, frío y calor.
Y tú… ¿dónde estabas?
Miro y vero tus ojos, tu nobleza, tu sonrisa, tus chistes….veo una familia unida, te veo en ellos, te veo en mí.

Campos de confusión, llantos desgarrados, rabia contenida….y vuelta a la vida de antes…. Con temblor en las manos y mirada profunda…. La vida de antes  se descoloca….duele….
Un pequeño detalle me recuerda a ti y me traslada al pasado…parece que te huelo…me siento protegida otra vez…
Por las noches me vuelves a cantar para que me calme y poco a poco la vida se va recolocando….
Te siento cerca y en paz, sin palabras, me has dado otro regalo, que no sabría explicar…
Veo un camino, el mío, y me invitas a seguirlo. Tú ya anduviste el tuyo. Y estarás dándome el empujón que me falta, como siempre y sin palabras".

(Autora: Raquel Cebrián Casado)



***

Hay noticias que disparan tantos sentimientos que, a veces, resultan contradictorias por el impacto que generan al provocar un extremo dolor. La noticia de la muerte de un ser querido o alguien cercano, saber que no se le volverá a ver, ni hablar, ni tocar... hace que se sienta un profundo pesar. Nos preguntamos cosas sin sentido, tratando de encontrar respuestas que no llegarán.
Como emoción que es, la que se genera ante un fallecimiento, también cambia. Hay que ajustar ese dolor y encajarlo como una pieza más en nuestro día a día.
A este proceso de cambio en las emociones se le llama proceso de duelo.

lunes, 23 de julio de 2012

RÉQUIEM POR JOSÉ CARLOS





Según se cuenta en "El libro tibetano de la vida y de la muerte", escrito por el lama Sogyal Rinpoche, un renombrado maestro tibetano llamado Patrul Rinpoche solía llorar el Año Nuevo y cuando se le preguntaba por qué, respondía que lloraba porque otro año más había pasado y tantas personas estaban cerca de la muerte sin tener preparación para enfrentarla.
La muerte es el signo del fin de la vida y marca su final. La pérdida de un ser amado es psicológicamente tan traumática como herirse físicamente. El duelo se desvía del estado de salud y bienestar y la persona requiere de un tiempo para volver a equilibrar ese estado. El duelo es un proceso que se produce tras la pérdida de un ser querido y la experiencia personal de esa pérdida, como sentirse que le han robado, y quedarse en vacío.
¿Cómo superar la pérdida de un ser querido por homicidio, accidente, suicidio o aquellas situaciones que implican la muerte de varias personas a la vez? ¿Cómo desatar los vínculos que nos ligan a alguien que ya no está?  
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