"La otra noche tuve un sueño extraño. Salía de mi casa a paso ligero y, perdida en mis ensoñaciones, no fui consciente de que tras de mí caminaba mi portátil, penosamente, entre las piedras del camino a la montaña. Un ¡ay! unido a un soplido intenso en forma de bipbipbip, me hizo girar sobre mis talones bruscamente.
- ¿Pero qué c... haces detrás de mí?
- No quiero quedarme solo y en casa hace frío.
- Está bien pero no me hables. He venido a desconectarme de ti y vienes a entrometerte en mi espacio virtual. Si quieres venir, al menos no te quejes.
- No tengo pies -mientras arrastraba sus esquinas en cada paso-.
- ¡Cállate! Solo quiero estar en calma por un momento.
A medida que entrábamos en la colina y el camino se ensanchaba, el portátil y yo seguimos el paso hasta un frondoso árbol donde me dispuse a meditar. La calma era tal, que mientras estaba sumida en mi interior, una conversación de alguien con mi portátil me hizo abrir un ojo manteniendo mi cuerpo en calma. Un gato blanco brillante con los ojos color avellana hablaba amigablemente con mi ordenador. Me hice la sueca. La conversación tenía una carga de intimidad importante. No entendía por qué se entendían estos dos, ni el para qué de su discurso.
- ¿No sabes lo que es el cibersexo? Tecleaba el portátil en su pantalla mientras se abría en semejante carcajada.
- No. Solo he tenido sexo con gatos.