Al
entrar en aquella habitación repleta de silencio, Celia se encontró con sus
ojos tras un cristal. Miraban tan fijamente, con tal profundidad, que ella fue
capaz de leer en sus pupilas todas esos textos que, como cada noche, él había
estado escribiendo años atrás.
Ese
día, él vestía un pantalón desconocido para todos. Incluso para ella. Y una
camisa nueva, recién planchada, dejaba a la vista unas manos de terciopelo que
seguían buscándola sin remedio, a tenor de la marca violácea de lo que debió de
ser su anillo de compromiso.
Nadie
entraba. Ni salía. Y era porque, ciertamente, no había nadie. Tanto así, que
ella decidió cerrar la puerta y mantenerse en pie.
-
Hoy quería desnudarme para ti -sentenció nerviosa-. ¿Me lo permites?
Lentamente,
Celia dejó su bolso en el suelo. Tras quitarse el abrigo, desabrochó el
pantalón y se bajó de sus zapatos de tacón. Y una blusa cayó fulminada al suelo
justo después de los botones que la sujetaban, mientras un sujetador muerto,
inerte, quedaba prendido de una silla, tan distorsionado como el momento.
Él,
sin tan siquiera pestañear, observaba tranquilo.
-
Una vez me diste tu vida. Otras me abrasaste, y otras muchas me pediste, a tu
forma, que nos desnudásemos para bañarnos en una bendición que siempre se
tornaba llanto. Ahora quiero darte mi alma, porque siento que es tuya.
Las
lágrimas de Celia, sin hacer ruido, caían al suelo al mismo tiempo que sus
rodillas. Pero él ni se inmutaba. Ni un gesto. Ni una mueca. A pesar de su
profundo anhelo, no encontraba la forma de consolarla...
-
¿Sabes? Creo entender ahora lo que significaban tus palabras. A veces nuestro
niño herido, ese que todos llevamos dentro, no nos deja ver más allá de
nuestros miedos. Ahora creo saber lo que significa llegar tarde.
Pero
nadie respondió.
Cuando
la puerta crujió de nuevo, un fular de caricias, con rostro de madre, cayó de
entre unos brazos huesudos para cubrir aquel cuerpo blanquecino.
-
¿Pero por qué no dice nada? ¿Por qué?
-
Él ya no puede hacerlo, Celia. -contestó la mujer-. Su corazón ha dejado de
latir.
Esaú Alonso Elizo
* * *
¿Alguna vez has oído hablar del síndrome del corazón roto? ¿Cuánto puede afectarnos el desamor?
Cuando alguien a quien amas te dice no y te sientes tan rechazado que el corazón te duele, te duele tanto... mientras se agrieta hecho trocitos de cristal helado.
Cuando alguien sale de tu lado y una relación acaba, a veces, bruscamente y tras muchos años dejando un pecho vacío y viudo y, otras, de menor duración pero de intensidad elevada.
Cuando esto ocurre, aparece la tristeza que inunda el cuerpo, invadiendo terrenos que no le corresponden, sin posibilidad de que sea remediado.
Cuando alguien a quien amas te dice no y te sientes tan rechazado que el corazón te duele, te duele tanto... mientras se agrieta hecho trocitos de cristal helado.
Cuando alguien sale de tu lado y una relación acaba, a veces, bruscamente y tras muchos años dejando un pecho vacío y viudo y, otras, de menor duración pero de intensidad elevada.
Cuando esto ocurre, aparece la tristeza que inunda el cuerpo, invadiendo terrenos que no le corresponden, sin posibilidad de que sea remediado.
¿Sabías que la causa de estas sensaciones y el porqué del desamor tiene una explicación científica?
Cuando el corazón se "rompe" se debe a que hay


