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miércoles, 3 de julio de 2019

ES HORA DE BAJOS INSTINTOS...




Querido diario: estoy hasta el moño de este mundo y de los que se llaman a sí mismos, personas que habitan en él. En un momento de desesperación, se me ha pasado por la cabeza saltar al vacío. Obsesivamente, la idea se repite como un disco rayado que me atemoriza hasta el pánico.
¡Maldita ansiedad! Sé que desde un noveno, las probabilidades de éxito -por muerte- son bastante altas. Sí, sí... ya sé que podría darse la trágica circunstancia en que el salto no me llevase directamente al cielo y me hiciese pasar -hecha añicos- por un estado vegetativo indefinido, en un inhóspito espacio hospitalario y con el único calor humano que confieren las máquinas.
He decidido dejar de pensar en volar. Parar ya este bucle incesante y absurdo. No porque se me vayan las ganas de hacerlo, como vía de escape momentánea, es que me he asomado por la ventana y …¡coño, me ha dado miedo!

miércoles, 11 de septiembre de 2013

AUTOCONTROL EN SITUACIONES DE ESTRÉS

¿Qué ocurre cuando nos invade la tensión emocional? ¿No tienes tiempo para nada? ¿Estás teniendo problemas para conciliar el sueño y no es a causa del calor? ¿Las preocupaciones te consumen la energía que necesitas para hacer frente a tu día a día? 
Si a la mayoría de las preguntas has respondido con un sí, reconócelo...¡Estás estresado!
Pero ¿Qué significa estar estresado? 
El estrés es una activación del sistema nerviosos y de determinadas hormonas que generan una subida de adrenalina, que produce unos cambios físicos que preparan a la persona para reaccionar de manera eficaz y rápida ante una situación determinada (desde un peligro físico real, a un examen, un viaje, un proyecto laboral con fecha límite, un divorcio...), generando la sensación de tensión emocional.
La respuesta al estrés, cuando es funcional, es la mejor forma para actuar bajo presión. Si es extrema, puede  generar otros problemas. Un poco de estrés ayuda a mantener la atención y estar preparado para hacer frente a cualquier reto. Hay situaciones de estrés momentáneas que, una vez superadas, vuelven el cuerpo a su posición natural y la posibilidad de hacer frente de nuevo a otro estímulo estresor o pueden ser situaciones de menor estrés pero perdurables en el tiempo y que ocasionen dificultades -al estar el sistema nervioso en una tensión continua liberando hormonas durante un periodo largo de tiempo-. 
Este proceso puede agotar las reservas personales hasta el punto de sentirse uno cansado y agotado, debilitándose el sistema inmunológico y ocasionando otros problemas.
Cuando existen situaciones extremadamente intensas, perdurables en el tiempo, problemas que afrontamos solos... son ejemplos de situaciones que pueden generar esa sobrecarga de estrés. 
Algunas personas tiene  problemas de ansiedad que causan reacciones extremas de estrés, convirtiendo pequeñas dificultades en crisis. La tensión, el enfado, la preocupación en exceso y con frecuencia lleva a sufrir ansiedad.

¿Qué siento cuando siento estrés?

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Un ataque de pánico



"Como cada noche, de cada día, de cada semana del mes, en cada año de universidad, Lucía se metía en la cama pensando que hoy tampoco le había dado tiempo a terminar todo lo que se había propuesto estudiar. Así, una vez más, metida en la cama, inspeccionaba su agenda meticulosamente para no perder detalle del programa propuesto para el siguiente día que, como cada día, de cada semana del mes de cada año de universidad, tenía que cumplir sus objetivos. Lucía que se había propuesto aprobar este último curso tres asignaturas más, pendientes del anterior, se metía en su mundo de letras olvidándose hasta de comer. "Hay que estudiar más. Los últimos resultados no han sido los esperados tras el tiempo invertido. Mañana estudiaré dos horas más"- se decía. 
En su empeño fue olvidándose de divertirse. Se acostumbró a ir acelerada a la universidad, a comer, a la biblioteca "para coger sitio pronto o es imposible", al "ahora no puedo hablar" y "no tengo tiempo", "mejor quedamos cuando termine los exámenes" o "al año que viene por Navidad". 
Como cada día, de cada semana, de cada mes de ese año de universidad, Lucía se enjaulaba para estudiar. De repente, leyendo las toneladas de apuntes, el corazón se le empezó a acelerar. Palpitaba tan fuerte que le dolía el pecho. Se mareaba y la visión se le hacía borrosa mientras un sudor frío recorría su piel desde sus manos. "!Me está dando un infarto. Me ahogo. No puedo respirar!¡Tengo que salir de aquí! ¡No puedo soportarlo!¡Voy a morir!"... y escapó angustiada a la calle donde intentaba tomar aire y reponerse de esa sensación de irrealidad y miedo tan fuerte. Mientras, no paraba de observar sus propios síntomas por temor a no controlarlos y preguntarse insistentemente "¿¡Qué me pasa!?" una y otra vez. Decidida a saber qué le había pasado se lanzó a urgencias donde le dijeron: "Usted sufre ansiedad. Ha sufrido un ataque de pánico"..."

jueves, 31 de mayo de 2012

Cultivando la paciencia...




Cada día cuando me dirijo al gabinete y entro en el metro arrastrada por la marea humana adormecida, anestesiada por la rutina, los horarios y las prisas, observo con que sutilidad flota la velocidad agresiva en el ambiente. 
Un mundo difuso y desbordado cada momento en contradicciones. Laterales vestidos de enormes  publicidades con fotografías de viajes donde fundirte en relax para instantáneamente deslizarte entre sonoras escaleras mecánicas que enmudecen el silencio de cientos de seres.
Nos han enseñado un mundo de locura y velocidad y esa enseñanza que surge -automática- cada mañana, insensibiliza la mente adaptándola al estrés cotidiano. ¿Buena forma de comenzar un día, cualquier día?
Si hay un ejercicio a poner en práctica en un lugar como este, donde todos quieren llegar rápido y se respeta poco el ritmo pausado, ese, es el de cultivar la paciencia.
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