52.
Desde la ventana
Mi vida ha cambiado profundamente
desde que se decretó el estado de alerta. Hasta ese momento, era genuina y
auténtica. Siempre he sido sociable pero la vida me ha recluido y tengo una
interacción limitada que varía según sea mi ubicación. Más bien, me considero
solitario. Me gusta estar a mi rollo. Soy adoptado y, desde pequeño, cohabito
en este hogar donde comparto espacio con dos personas más.
Nos llevamos bien. Cada quién
hace su vida y no nos incordiamos, ni en exceso ni de forma constante. Yo diría
que la convivencia es aceptable, incluso bastante afectiva, más de lo que
realmente necesito.
Como cada uno de nosotros tiene su propia personalidad, los
tiempos de interacción son variables, coincidiendo poco, excepto el fin de
semana, que suele ser intenso.
Así me monté la vida, con lo
esencial. Tengo un poco de mal genio, a veces, y me gusta que me incordien un
poco, lo justo para no dejar de jugar y corretear. Pero todo tiene su límite y este encierro me está llevando al confín de mi
paciencia.
