Memorias de una psicoterapia




5 de Marzo, 2014.


"Que el orgullo de ser quien eres no te limite a ser y estar mejor"


Salta esta frase de su cajita móvil mientras enredo con las yemas de los dedos en la pantalla táctil del típico android. Pienso en tanto como hay escrito sobre lo que es la terapia desde los ojos, la mente y la experiencia del psicólogo terapeuta que te indica la forma de crecer y ser mejor. Reconozco que se queda falta de equilibrio sin la mirada, el pensamiento y la vivencia de la persona que está enfrente y que también ayuda al terapeuta a ser mejor (profesional, persona...). Uno sin el otro no existen. 
Hoy creo interesante abrir una nueva sección en el blog (Memorias de una Psicoterapia) que complete la realidad de cualquier persona que, por diversos avatares en su vida, toma la decisión de buscar ayuda para resolver la situación en la que se encuentra. Unos con más atino que otros darán con ese profesional. Aquel que puede ser su apoyo mientras aprende a dar sentido a su vida, entenderse, conocer sus propios entresijos y practicar nuevas habilidades y recursos que llenarán de herramientas la maleta con la que emprenderá, de nuevo, su viaje. 
Más fuerte, más humano, más comprometido con su propia vida y aceptándose en el cambio que supone vivir. Ese ser transformado que no perdió su esencia y que creció.
Ese ser ¿eres tú?
Memorias de una psicoterapia, es un espacio donde tú puedes hablar de tu experiencia con ese psicólogo/a que te ayudó cuando decidiste dejar de lado tu orgullo y romper tus propios límites para encontrarte de nuevo. 
Tal vez tu experiencia ayude a otros a romper sus temores o al menos tener información de aquello que te gustó y de lo que no, saber qué es ir al psicólogo y aprovechar una oportunidad para ser un poco más feliz.
¿Quieres compartir tu memoria de psicoterapia?
Envía de forma anónima o con el nombre que quieras aparecer a: 
rosa.formacion@gmail.com


* * * 
 1. Tengo que confesar que soy adicta al ibuprofeno. Lo tomo para todo, cuando me duele una muela, cuando me duele la cabeza, cuando me duele la tripa.. El ibuprofeno siempre me quita los males. Nunca me falla. Muchas veces pienso que algún día me haré inmune y entonces no funcionará.. pero entre tanto.. Es por eso que cuando me empezó a doler el alma, rápidamente me dí cuenta de que el ibuprofeno no iba a ser suficiente. Y de repente, me ví allí, en una sala de espera, esperando sin saber muy bien a qué, pero con la esperanza de que, como me ocurre con el medicamento mágico, en media hora todos mis males hubieran sanado. También casi de inmediato fui consciente de que aquella tarea no iba a ser tan fácil, dado que en mi primera toma de contacto con el mundo de la psicoterapia, lejos de mantener cierta compostura, no dejé de llorar en toda la sesión. Salí con esa mezcla de sentimientos que provoca el saber que por un lado has tomado la opción adecuada y al mismo tiempo, que la tarea no iba a ser nada sencilla y que el milagro que había ido buscando como si fuera a Lourdes, estaba lejos de producirse.
Poco a poco me ví inmersa en aquella dinámica de cita semanal, que compaginaba con otras citas, para resolver asuntos menos profundos y más mundanos y entré en aquella rutina de acudir prácticamente el mismo día de la semana, a la misma hora, durante todas las semanas a mi charla con Rosa, siendo muchas veces incapaz de llevar a cabo cualquiera de las estrategias que aprendía en la sesión en el mismo instante en que cruzaba la puerta para salir, y descubriendo, no sin asombro en otras ocasiones, que aquella sesión en la que no podía parar de llorar, cada vez se me hacía más lejana.- A veces, no podía explicar que unas palabras, un análisis, unas preguntas bien dirigidas, una búsqueda de respuestas en mí pudieran obrar ese sensación analgésica que me había proporcionado el ibuprofeno en tantas otras ocasiones. Fuí también descubriendo poco a poco una fuerza de voluntad y unas ganas de salir adelante que nunca hubiera creído que tenía. Bien puede resumirlo una de las frases que no olvidaré de aquellos días: " Yo veo agua dentro de este pozo, y te voy a dar el cubo para que la saques". En aquel momento desde luego pozo si veía; agua, poca y por su puesto, ningún cubo para poder sacar algo. 
Terminaba el invierno, los días se llenaban de sol, también mi alma, y con el sol, continué con mi rutina de acudir a mi cita semanal, ya convertida casi más en una necesidad . Procuraba juntar todas las vivencias que me iban ocurriendo durante la semana para exponerlos en la sesión, a la par que hacía de forma concienzuda todos los ejercicios que se me sugerían. Algunos con relativo esfuerzo, otros con mucho más. Otros, aplazados de forma consciente con la excusa de no estar todavía lista para afrontar determinadas cosas y al mismo tiempo, seguir de alguna manera ligada al dolor que me había llevado a iniciar esta travesía. Mi vida comenzaba también a colocarse, pieza a pieza, en su lugar. Comencé a encontrar determinados espacios que había perdido y a conectar de nuevo con la persona que había sido en otro momento, quizá en otra vida, pero que seguía viva, deseando salir. Experimenté muchas veces de manera escéptica ese tópico de que lo positivo atrae lo positivo y así mis consultas empezaron a llenarse más de risas que de lágrimas.
No os voy a mentir, también hubo momentos en los que hubiera deseado no haber asistido, y en los que me preguntaba por qué me hacía aquello a mi misma, sesiones duras, a veces de las que se ven en las películas, donde uno entra riéndose, y sale tremendamente dolido, con esa sensación de que una apisonadora le ha pasado por encima… Pero al día siguiente, todo vuelve a estar en su lugar y de repente uno está más en paz, con la tranquilidad de haber limpiado "el desván" y de disfrutar por fin de  todos los rincones limpios y ordenados.
Empezó a asomar de nuevo el invierno, y mis sesiones llegaban a su fin. De algún modo seguía resistiéndome a cerrar el círculo, pues eso significaría que  empezaría a caminar de nuevo, sola, sin los planteamientos de Rosa, sin el ánimo y el refuerzo que tenía en cada sesión. También era por fin el comienzo, la verdadera línea de salida de un nuevo proyecto, una nueva vida y una nueva forma de "gestionar" las emociones que me atropellaban en un comienzo. Por fin encontré el cubo y empecé a sacar agua.
Ahora está a punto de llegar otra primavera. Y continúo intentando muchas veces sacar el agua del pozo. No bajo la guardia, tengo fresco el recuerdo del dolor y procuro darle esquinazo en cuanto lo veo asomar. Echo mano de mis libros de aquellos días cuando sospecho que me falta alguna fuerza. Y procuro seguir creciendo. Porque si algo aprendí en aquellos días, es que había que crecer, evolucionar, que esa evolución está en nosotros y que es fundamental llevarla a cabo en uno u otro punto de la vida. A veces el crecimiento se desencadena casi sin que nos demos cuenta. Otras, me atrevería a decir que las más de las veces, es un hecho terrible el que provoca que tengamos que dar un salto y ponernos en el otro lado del espejo, eso que cuesta tanto, pero que reporta tantos beneficios para nuestro bienestar y el de las personas que nos quieren (que sufren y disfrutan también de este proceso y que son testigos de los cambios), que bien merece la pena el esfuerzo.
De cuando en cuando, recuerdo muy bien aquellos días de terapia, canciones que tengo asociadas al momento de salir de la consulta y ver mi vida desde una perspectiva nueva, y procuro no perder la ruta, "disculparme" cuando la pierdo, y sobre todo, disfrutar de lo que tengo y dar gracias a todos los que han estado conmigo en este camino, los que han ido apareciendo, que han sido parte de mi recuperación y me han ayudado a verme a mi misma de nuevo.
J.C.

 * * *


2. Esta no ha sido mi primera experiencia de psicoterapia, aunque si la primera la primera vez que buscaba la ayuda específica de una sexóloga. Todo empezó porque después de dar a luz a mi primer hijo me quedé con un dolor que afectaba mis relaciones sexuales. Fui al ginecólogo y me dijo que tenía una contractura en la vagina y que con un dilatador (que en realidad era un dildo), me recuperaría. Pero no fue así. Después de muchos meses descubrí que a quien tenía que acudir era a un fisioterapeuta uroginecológico, quien me diagnosticó un pseudo vaginismo.
Al hablar con él me di cuenta de que mi problema venía de antes, de un divorcio traumático que viví a los 25 años y me dijo que parte de mi recuperación pasaba por hacer terapia psicológica a la vez que terapia física.
Ya en aquel traumático momento de mi vida fui a psicoterapia
en Álava Reyes, por lo que llamé ahora, casi diez años después, para volver donde uno de sus especialistas. Me recomendaron a Rosa Collado, la especialista en sexología, a quien estuve visitando cada dos semanas durante octubre, noviembre y comienzos de diciembre.
Cuando llegué donde Rosa, estaba desesperada. No podía creer que de nuevo tendría que retomar temas del pasado que creía superado, a lo que tenía que sumar el cambio que había significado en mi vida la maternidad.
La verdad es que la corriente cognitiva conductual ya me había gustado bastante antes y por eso decidí volver al mismo lugar donde la había conocido hace años. En el pasado me ayudó a superar rápidamente el shock que supuso el divorcio para mi y me enseñó a valorar y disfrutar de las cosas pequeñas de la vida. Hoy mi situación es totalmente distinta, porque me encuentro felizmente casada desde hace cuatro años y con un hijo que ha sido de las alegrías más grandes de mi vida. El tema era que el hijo, obviamente, es mucho trabajo y lo es más todavía si estás lejos de tu familia y de la de tu marido, sin ayuda alguna, trabajando desde casa e intentando acabar la tesis de doctorado. Por otro lado, la pareja también cambia al nacer el hijo y parecía necesario definir correctamente los roles de cada uno en este nuevo contexto, a la vez que solucionar y superar los dolores que hasta ahora habían estado dificultando nuestros encuentros íntimos.
Una parte muy importante de la terapia fue una visualización en la que tuve que enfrentarme a mi ex y analizar, desde su perspectiva, su actuación y forma de pesar. No fue nada de fácil. Sólo pensar en él me resultaba extremadamente difícil, más todavía exponerme y reconocer que aún habían cosas que me causaban dolor de todo eso.
Después de la sesión estuve un buen rato llorando en el coche, pero debo reconocer que ponerme en esa situación se convirtió en la oportunidad de mi vida para cerrar definitivamente heridas que al parecer aún estaban abiertas. Pude entender perfectamente por qué había pasado todo lo que había pasado, cuál había sido mi rol en todo eso y por qué habían cosas que aún no habían sido cerradas.
Pero mi recuperación no pasaba únicamente por cerrar heridas, sino también por aprender a enfrentar de una manera totalmente distinta un montón de situaciones cotidianas que estaban deteriorando mi autoestima y dañando mi matrimonio. Se trataba de aprender a pensar y actuar de manera distinta y eso es justamente lo que más me gusta de esta corriente psicológica.
Yo he ido a psicólogos de otras corrientes y la verdad es que me parece que hay momentos en la vida en los que uno necesita que te ayuden a salir del "hoyo", más que revolver en el pasado para entender cómo es que llegaste a esa situación. Me había pasado con otras corrientes que era muy fácil atribuir la responsabilidad a los padres, lo que te libera de responsabilidades ti, aunque también te aleja de las soluciones.
La psicoterapia que hice con Rosa se basaba, fundamentalmente, en profundizar en la responsabilidad que uno tiene respecto de la forma de percibir y enfrentar diversas situaciones y, en trabajar, a nivel cognitivo, para cambiar o reorientar pensamientos y sensaciones.
En la última parte de la psicoterapia se incorporó mi marido. Era la primera vez que asistíamos los dos, juntos, al psicólogo. Al principio era un poco raro, pero luego fuimos entendiendo que era parte crucial del proceso. No porque allí salieran cosas que no habíamos conversado antes, sino porque la perspectiva de un tercero ayuda a esclarecer qué es lo realmente importante.
Estoy profundamente agradecida de Rosa y de Álava Reyes Consultores. La psicoterapia que ellos desarrollan me ha ayudado mucho a superar el trauma que supuso en mi vida un divorcio después de cuatro meses de matrimonio. En un primer momento, a superar el shock y ahora, en una segunda fase, a resolver temas que estaban ocultos y que seguían afectando mis relaciones.
Muchas veces uno no tiene tan claro como es que ciertos eventos afectan tu día a día, pero mi presente y mi futuro han cambiado tras haber indagado un poco en esto y tras haber buscado la ayuda correcta.
Todas las personas tenemos derecho a ser felices y, aunque eso depende fundamentalmente de uno mismo, hay momentos en la vida en los que es posible que necesitemos de una ayuda externa para poder ver con mayor claridad el camino más adecuado para llegar a esta.
Magdalena

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3. Me recuerdo días y días decidiendo a quién recurrir para que me ayudara. Estaba tan mal que sabía que por mucho que le contara a alguna amiga cómo me sentía, sabía que necesitaba la ayuda profesional de alguien, pero ¿de quién?  Pensé en Mª Jesús Álava. Hacía varios años que de vez en cuando la oía en la radio y le envié un correo electrónico para que me recomendara algún libro para padres en relación a cómo empezar a hablar sobre sexualidad con los hijos, el mío era aún pequeño pero quería leer algo sobre eso. Me contestó rápidamente recomendándome un par de libros.
Así que una tarde decidí buscar en internet  su nombre y apareció el Gabinete de Mª Jesús Álava y llamé. Dejé mi nombre y mi teléfono y al día siguiente me llamó personalmente Mª Jesús y ahí empecé a sentirme “querida”, después de hacerme algunas preguntas me dijo que Rosa Collado me atendería. Puede parecer una tontería pero para mí esa llamada, su voz tranquilizadora, fue muy importante.
Y llegó la primera sesión. Importantísima para mí también. Me senté en la sala de espera, muy nerviosa
y ver a Rosa venir a recibirme, abrazarme y sentir tanto cariño ya hizo que me tranquilizara y me dijera a mi misma que había hecho bien. Estaba tan mal, no sabía qué quería hacer con mi vida o si lo sabía pero me daba tanto miedo tomar decisiones…. Sólo recuerdo que lloré mucho y a Rosa, hablándome, tranquilizándome, dejándome llorar, animándome, en silencio….. La sesión se me hizo cortísima.
Llevaba más de 20 años con mi marido en aquel momento. Un hijo de 15 años, muchos momentos buenos y otros muchos malos y una separación de 9 meses. Tras esa separación temporal y una vuelta a casa sin condiciones por mi parte, nada volvió a ser como antes y la convivencia cada día era peor.
Ya no sabía quién era yo, por quién hacía las cosas, quien decidía por mí, pero si sabía que no me sentía querida, que era muy infeliz y no quería eso ni para él, ni para mí ni para nuestro hijo.
Rosa me ayudó a decidir qué camino quería seguir y ella estaría a mi lado apoyándome, tomara la decisión que tomara. Y decidí que quería separarme.

Esta decisión no fue fácil tomarla, aunque lo difícil vino después. Rosa me ayudó a darme cuenta de mi responsabilidad en todo aquello que ocurría en mi vida, que no sirve decir lo mal que lo hacen los demás, o lo que me hacen los demás, yo también “me hago”. Descubrí con mucho dolor que si seguía así lo que albergaría sería rencor y el día que me di cuenta de eso, en casa, lloré muchísimo.  Me descubrió que yo puedo cambiar mi vida desde dentro de mí, que la vida tiene cosas buenas, malas, regulares, pero que así es y que tengo recursos para poder gestionar mejor las cosas para que no me duelan. Al menos esto es lo que yo creo. Me acompañó pasito a pasito.  Tenía tantos miedos… y cómo decírselo a mi hijo era mi mayor preocupación. Rosa me ayudó a prepararme  para cuando llegara ese momento. Me ayudó a confiar en mí y a poner límites donde debía ponerlos y a hacer o decir lo que quería decir realmente y no lo que los demás quieren escuchar o esperan de mí. Que tenía que quererme y me ayudó a recuperar mi autoestima. Lloré mucho pero también me reí en muchas de las sesiones. Al principio una a la semana, luego cada dos y así después de unos 4 meses llegó mi separación. De esto hace ya tres años y medio. Me divorcié y no he dejado el contacto con Rosa, sigo necesitando su apoyo, ese refuerzo que puede ser simplemente un e-mail de tarde en tarde, pero sé que si la necesito, y la sigo necesitando a veces, Rosa está siempre ahí dispuesta a ayudarme. Creo sinceramente que no estaría como estoy hoy si Rosa no hubiera entrado en mi vida. Probablemente me hubiera separado, pero estoy convencida de que no lo hubiera hecho bien. Mis amigas, de broma, me dicen que quieren “una Rosa” en sus vidas. Yo agradezco a la vida que haya puesto a Rosa en la mía. Así que yo recomiendo a quien se sienta perdido o necesite ayuda, que no tenga miedo o prejuicios. Ir a una psicoterapia es lo mejor que hice, me ayudó a afrontar mucho mejor la separación y me ayuda a afrontar la vida e intentar ser feliz y a hacer más felices a los que me rodean: familia, amigos, compañeros de trabajo,… 
Juana

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4. Respondo a la invitación para compartir por qué en un momento dado en nuestra vida puede ser necesario y positivo dejarnos acompañar, orientar y ayudar por un profesional de la psicología.
A veces, suele costarnos dar ese paso, quizá porque  acudir al Psicólogo/a supone despojarnos de un “halo” de aparente bienestar y seguridad en nosotros mismos que, aunque no siempre es del todo real , hasta ese momento nos ha servido para irnos defendiendo peor o  mejor ante las circunstancias de nuestras vidas.
 Aceptar en un momento dado que estamos realmente desorientados, o con falta de recursos, o que no sabemos cómo ayudarnos o ayudar a un hijo, no es una tarea fácil, y nos pide dar el paso de saber pedir ayuda.
¡ Y saber pedir ayuda puede resultar estupendo!

Pedir ayuda supone sentir y aceptar que tenemos limitaciones,  e irlas abriendo al profesional que hemos elegido para que nos eche una mano; ya solo eso, a mí me quitó un gran peso de encima.
Puede ocurrir, que en un momento de nuestras vidas sintamos que lo que necesitamos no es un “puro desahogo” con un amigo o un familiar (que también), sino un proceso de estructurar de nuevo las cosas, de hablar sobre ellas con alguien que te devuelva una información  objetiva, que te ayude a ir colocando las cosas de nuevo en su sitio, a ir afrontando tu vida con más recursos personales, y a recuperar la seguridad en tu propia persona y en tu valía.
Yo sólo puedo hablar de mi experiencia con Rosa, pero sí creo que es muy importante dar con un buen profesional y compartir el procedimiento con el que te va a ayudar a trabajar tu persona.
Entender lo que estás haciendo y no ser un sujeto pasivo en tu crecimiento, sino ser una parte activa que tiene que hacer su trabajo para llegar a sentirse mejor, me parece una parte muy positiva del trabajo que realiza Rosa.
Con el acompañamiento del Psicólogo/a, vas descubriendo aspectos de ti mismo que vas poniendo en práctica, u otros que te va a beneficiar reestructurar y… ¡Hay que ponerse manos a la obra!
Son los hechos conseguidos los que te van haciendo sentir que tú puedes, y es la psicóloga la persona y profesional con la que contrastas los avances y con la que sigues trabajando las partes a mejorar.
Desde que yo fui al Psicólogo, mi percepción de por qué se puede necesitar ir al Psicólogo ha cambiado. Creo que es que yo también he cambiado.
Acepto más fácilmente que aparezcan las zonas de mi persona más vulnerables porque les tengo más cariño que antes, me aportan humanidad y me permiten aceptar mejor las zonas vulnerables de los demás.
Sigo practicando aquellas cosas que aprendí con Rosa que le venían bien a mi temperamento para sentirme mejor y las seguiré practicando toooooooda mi vida.

¡Ánimo aquellos que estáis desorientados!
Toñi


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5.¿Qué puedo decir si no gracias?..., muchas veces gracias..
Toda la ayuda que recibí por parte de Rosa, fue clave para recuperar, autoestima, ánimo y una visión diferente de las cosas que me rodeaban y que no me dejaban avanzar.

Tengo grabada unas de sus primeras frases para conmigo en la que me venia a decir “llevas una mochila en la espalda llena de piedras y tienes que ir vaciándola poco a poco para poder continuar el camino..” Y así fue.


La primera sesión siempre estas muy a la expectativa y algo nerviosa y aún así ya se veía que había posibilidades de vaciar la mochila. Conforme iban pasando los días y con ello las sesiones, la sensación de ligereza se notaba.

Que curioso resultaba ver que con cada planteamiento que yo hacia, ella te hacia llegar a una conclusión tan obvia y en ocasiones sencilla que, pensaba, ¿cómo es posible que lo tenga delante y no haya sido capaz de verlo?. Cada día que salía de la terapia, salía renovada, con más ilusión y con menos peso en la mochila, claro, y ya estaba deseando volver la siguiente semana. 

Una de las cosas que más me gustaba eran esas soluciones tan practicas y la claridad con que veías donde antes estaba tan oscuro. Pero esta claro que en ocasiones necesitamos que nos ayuden a ver algo que debería ser básico.

El problema primero es ser consciente de que tienes un problema. Si consigues darte cuenta de ello y decides ir a terapia con una profesional como Rosa, tienes infinitas posibilidades de éxito. Ni que decir tiene, que opino, que el método que utiliza me parece inmejorable.

Aun así no hay que relajarse demasiado con el tiempo, y practicar de facto lo que se aprende en las sesiones, que luego ocurre, como a mi, que tengo un par de piedrecitas nuevas en la mochila, lo cual no me preocupa ya que así tengo la excusa para volver a ver a Rosa y con ello renovar la ilusión, y experimentar de nuevo esa grata sensación de ver que se puede ser capaz de mejorar cada día y encontrar lo positivo y lo bueno que nos da la vida.. y que no podemos olvidar con el día a día.

Lo positivo, que con todas esas piedras que tenía en la mochila igual me construyo una casita….


Mar.

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6. Hola soy Pedro Salazar, y quiero compartir, con vuestro permiso mi experiencia, por si puede ayudar a alguien:

Este mes de julio hace ya un año que recurrí a Rosa, para pedirle ayuda. Estaba afrontando o tratando de afrontar la peor experiencia de mi vida, había roto con mi pareja después de más de 8 años de convivencia. 

Esta vivencia por la que pasaba me hizo replantearme un montón de cuestiones de mi vida y algunos de ellas eran ya viejas conocidas mías, aspectos recurrentes de mi vida que una y otra vez se han ido repitiendo en mis experiencias pasadas y con mis relaciones, no encontraba salida y sabía que sólo me sería imposible pasar esta experiencia de mi vida, nunca pensé que pudiera encontrarme en este estado de ánimo, el abatimiento y la desgana iban ganando terreno y sentía poca ilusión por no decir nada, por continuar adelante con mi día a día.

Rosa me ha acompañado en este proceso, no diciéndome lo que tenía que hacer o como debía conducir mis circunstancias, sino sugiriendo el camino a seguir, recomendándome cuestiones a trabajar, el trabajo no lo hace el terapeuta (por lo menos no la gran parte), el esfuerzo es individual y en muchas ocasiones uno vuelve a caer en el desánimo, en esos momentos siempre se agradecen palabras de cariño y ánimo y esas palabras me las ha ofrecido Rosa, ella me daba esas pinceladas que me han permitido reconducir mi intención a lo verdaderamente importante, a recobrar mi autoestima (este camino que a priori parece tan sencillo es largo y en algunos momentos agotador), pero la recompensa final es “enorme”, gratificante y emocionante.  

Creo que a los hombres más que a las mujeres nos cuesta pedir ayuda (en mi caso es así), ahora sé sin lugar a dudas, que sin esta orientación de esta excelente profesional y persona que es Rosa, no podría haber salido de ese agujero donde me encontraba. Estoy muy agradecido a su trabajo y a todo el bien que ha supuesto para mí el haber recurrido a ella. Y si alguna vez cometo o vuelvo a cometer algunos de los errores que motivaron en  mi el recurrir a ella, siempre recordaré lo que me decía, algo así como: “Pedro,  esto es como dejar de fumar un día te darás cuenta de que ya lo has dejado”, el cambio en las conductas y la forma de afrontar las dificultades requiere su tiempo y ahora me doy también esa comprensión y ese tiempo a mí mismo, sabiendo ahora a donde quiero llegar y lo que quiero hacer con mi vida.

Llegué a ella por “casualidad”, alguien que me apreciaba me regaló un libro que me llevo a donde Rosa pasaba consulta  y doy gracias a este amigo, por haberlo hecho. 

Un beso enorme Rosa, espero que este sencillo testimonio contribuya a que otros en situaciones similares a las mías decida pedir ayuda cuando lo necesite. 


* * *

7. El fantasma y la doncella

Esta historia comienza con una doncella en un castillo. Bueno, en realidad es algo más moderno, se trata de una chica que vive en un pequeño piso en una gran ciudad. Un día, un fantasma aparece para asustarla…

Uuuuuuhhhhh…. uuuuuuhhhhh… aulló el fantasma.

Hola fantasma. ¿Cómo estás? —dijo con alegría la chica.

¿Cómo?—dijo el fantasma sorprendido—.¿No te asustas? Todo el mundo se asusta conmigo.

¿Yo? ¡Si estoy encantada de que hayas venido! Hace tiempo que quería que viniera alguien a mi casa. Pero siéntate, no seas tímidodijo la doncella con una voz acogedora.

La verdad es que es la primera vez que me pasa. Me he quedado bastante sorprendido…Ahora mismo no sé ni cómo reaccionar—murmuró en fantasma.


¿Tú también? ¿Tú también me rechazas? ¡Era lo que me faltaba!¡Que huya de mi hasta un fantasma! Esto es horrible...¡¡Nadie me quiere!!—dijo desconsoladamente la doncella.

Espera. Yo solamente me he quedado sorprendido. Lo normal es que siempre que voy a asustar a alguien lo consigo. Esto es la primera vez que me pasa.

Claro, estás acostumbrado a conseguir lo que quieres. Todo te va bien, ¿verdad? Tu vida fantástica, de fantasma, un día aquí, otro allí, sin preocuparte por nada, ni siquiera por comer o beber…Ya me gustaría a mí, te envidio…—reprochó la doncella.

No te conozco lo suficiente, pero diría que a ti te pasa algo…Primero, te alegras de ver a un fantasma, luego te has sentido rechazada y, sin conocerme, envidias mi vida…Aquí hay algo que no funciona…Desde luego, dada mi experiencia, me llama la atención…Pero habla, quiero saber más —dijo intrigado el fantasma.

¿Así que tienes experiencia? ¿En qué exactamente? ¿En asustar? ¿En venir sin avisar? ¿En atravesar paredes?—dijo la doncella con cierto enfado.

Pues básicamente te diría que mi experiencia de tantos años me ha servido para conocer a mucha gente, de cómo viven…Digamos, que creo conocer bien al ser humano —afirmó el fantasma.

Entonces, no sólo te dedicas a asustar, ¿también a observar?—dijo la doncella ya un poco más calmada.

Eso es, antes que fantasma, soy de profesión observador. Es lo que tiene ser fantasma, o asustas u observas, aquí y allá…No hay otra cosa que hacer. Es lo que se viene llamando errar. Pero bueno, yo lo que quiero saber es por qué te alegras de ver a un fantasma como yo, cuando todo el mundo se asusta—preguntó intrigado el fantasma.

¿Yo? ¿Quieres que te diga la verdad? Porque estoy más sola que la una. ¡Qué digo! Hasta la una está entre las doce y las dos. Me he alegrado de ver a alguien con quien hablar, con quien poder pasar un rato juntos...De hecho, por un momento he pensado que te podrías venir a vivir aquí, vamos, si tú quieres…—preguntó esperanzada la doncella.

Esta es la primera vez que un fantasma es asustado por un humano—afirmó el fantasma con asombro —. Espera a que me recupere un momento. Es decir, ¿te sientes tan sola que hasta te hace ilusión vivir con un fantasma?Pero, ¿qué te ocurre?

Bueno, hace años me vine a la gran ciudad. Primero a estudiar y ahora a trabajar. Ambos han sido un “debería”. Primero, la obligación de estudiar, porque si no, no se es nada en la vida, y luego la de trabajar, porque uno no puede vivir del aire, como otros…—dijo la doncella mirando al fantasma—. No digo que eso esté mal, pero al final, no estoy contenta, no llevo a la vida que me gustaría llevar…


¿Y cómo es esa vida?—preguntó el fantasma con gran curiosidad.
No sé, diría que lo normal, me gustaría tener mi propia casa, tener cerca a mi familia, crear la mía propia, un hogar, amigos…Y un amor, compartir mi vida con alguien que fuera el gran amor en mi vida—dijo la doncella con los ojos llenos de ilusión.

Porque cuando encuentres todo eso serás feliz, ¿verdad?—dijo el fantasma sin mucho convencimiento.

Sí, claro— dijo la doncella con la mirada perdida en un futuro que añoraba.

Sigue contándome más por favor —dijo el fantasma con dulzura.

Pues eso, que me veo atrapada en este vida que no me gusta. Y me ha hecho mucha ilusión que viniera alguien a casa…—dijo la doncella un tanto avergonzada—.Y que me gustaría ser feliz, lo llevo intentando mucho tiempo, pero no me sale.

Tal vez yo te pueda ayudar…—dijo el fantasma con sumo interés.

—Entonces, ¿te quedas? Te sentirás muy bien aquí, ya verás—dijo complaciente la doncella.

No hace falta que me quede. Pero no me voy a ir hasta que no estés feliz, es decir, hasta que no vea en ti ese cambio que creo que necesitas— dijo el fantasma con gran convencimiento, como haciendo un juramento o adquiriendo un solemne compromiso.

Entonces, ¿tienes magia? ¿Haces deseos realidad?—dijo la doncella con los dos ojos muy abiertos.

No, pero no hace falta. Tú misma te ayudarás.

¿Yo? Pues ya ves como me va…—dijo la doncella desilusionada—.Vamos apañados. Son muchos años, y no he sido capaz de arreglar este caos que es mi vida.

Bueno, pues para empezar, vas a tener que empezar a creer que puedes. Y si no, al menos créeme, he visto a gente capaz de hacerlo…—dijo el fantasma con convencimiento.

—¿Y por qué me quieres ayudar?—dijo la doncella incrédula.

Porque los fantasmas somos buena gente—dijo con picardía el fantasma.

—¡Ja,ja,ja,ja! Gracias por hacerme reír...

Primera lección de primer curso de fantasma: usa el sentido del humor. Será tu gran aliado.

Sigue, te escucho—dijo la doncella prestando toda su atención.

Me gustaría preguntarme por lo que más temes—dijo inquisitivo el fantasma.

A la soledad. Como bien has dicho, cualquiera se asustaría de ver a un fantasma. Sin embargo, yo lo he visto como una oportunidad. La soledad también es un fantasma, pero que no habla. Te hace sentir un miedo, un miedo muy profundo, es angustioso…—dijo la doncella mientras su mirada su perdía en el infinito.

Bueno, es verdad que es un fantasma bastante feo, pero no te hace sentir, te sientes tú así. Luego si ella, la soledad, no tiene poder, lo tienes tú…Y si lo tienes tú, lo puedes cambiar…—dijo el fantasma como razonando.

—¿Cómo?— dijo la doncella sorprendida.

En realidad solo tú tienes poder sobre tu vida. Y no tienes que esperar a tener todo aquello que me has dicho antes para sentirte plena, feliz, contenta en tu presente.
Espera, empiezo a entender algo, tú ya has pasado por esto, ¿verdad? No es solo observando, tú has tenido que luchar también contra la soledad.

— Pues varios años. Unos cientos, como podrás imaginar…

El fantasma y la doncella siguieron hablando esa noche hasta que se hizo de día. Pasaron los días y el fantasma iba a visitarla, siempre de forma inesperada, porque esa era una de las formas que tenía para ayudarla, de que viviera con la incertidumbre y aceptara que en la vida no hay “parasiempres”. Poco a poco, le fue transmitiendo aquello que había aprendido. Una de las cosas que le enseñó el fantasma a la doncella es que él no se sentía solo porque sabía que se tenía a si mismo. Que si uno se quiere, siempre tendrá alguien que lo haga.
Le explicó que la soledad tenía su parte positiva, de hecho, todo lo tenía, si uno sabía verlo de esa manera y aprender de las experiencias. Le enseñó el camino para quererse a si misma, maravillosa e imperfecta, con sus virtudes y defectos. A tener control sobre sus pensamientos, por lo tanto de sus emociones y, en consecuencia, de sus actos. La doncella, día a día se fue valorando más, se fue dando aquello que esperaba que le dieran los demás. Aprendió a valorar el presente, a disfrutarlo con plenitud. Fue capaz de adquirir un compromiso con ella misma que consistía en cambiar para mejorar y ser esa persona que en realidad era. De esa bella transformación fue testigo el fantasma, que se convirtió en su mejor amigo y en su guía. Aunque, como le recordaba a veces, el mérito lo tenía ella, por haber sido tan valiente de mirar hacia adentro sin miedo. Y aunque cada esfuerzo por superarse, cada paso de la transformación lo lograba ella, el hermoso afecto mutuo que se tenían fue la fuerza que ella encontró para superarse.

Un día la doncella tuvo un presentimiento y se puso triste.

—¿Qué te ocurre, amiga?—preguntó el fantasma a la doncella.

Creo que ha llegado el momento de la despedida, porque ya he aprendido todo aquello que necesitaba aprender y que ya soy capaz de ser feliz por mi misma…vamos, que ya no te necesito—dijo apenada la doncella.

Bueno, nunca me has necesitado. Solo he estado a tu lado— afirmó cálidamente el fantasma.

Lo que me refiero es que creo que tus días como fantasma han acabado. Creo que ahora podrás descansar porque ya has hecho una gran obra, algo en lo que has encontrado la redención y entonces, ya sabes, la luz blanca y te vas al otro barrio. A ese donde se vive bien, para la eternidad.

—¡Jajajajajaja…!—La carcajada resonó en la casa.

— ¿De qué te ríes?—le contestó la doncella sin entender.

— Pues de que, aunque no te lo creas, he elegido ser fantasma. Y al barrio ese al que te refieres, puedo ir cuando quiera.

— ¿Entonces? —dijo la doncella con gran asombro.

— Sí, soy dueño de mi vida. O de mi muerte, para que me entiendas. Mis emociones, mis pensamientos y mis actos son mi elección.

—Entonces…¿cómo has elegido esta vida errante?—dijo la doncella incrédula.

— No es como tú lo ves. Estoy bien, me siento bien, pleno. Aunque he de reconocer que el tiempo que he pasado contigo ha sido el mejor. Porque dando amor me he llenado de amor más que nunca. Ya ves que no eres la única que ha aprendido algo con todo esto.

— Entonces…¿no te vas de mi vida? —preguntó la doncella con si le fuera la vida en ello.

— ¿Ya estamos con lo del miedo al abandono? — le contestó el fantasma con humor.

Los dos rieron juntos y lo siguieron haciendo por muchos años más. Porque en efecto, el fantasma no se fue de su vida y siguió siendo testigo de su hermosa vida. Hermosa pero no perfecta. Ahora la doncella había vencido sus miedos, y cuando estos volvían o se tenía que enfrentar a unos nuevos, conseguía superarlos por si misma con las armas tan poderosas que había desarrollado con su amigo el fantasma. Teniéndose a si misma, era casi invencible para cualquier batalla. Vinieron grandes alegrías y algunas penas, no hay vida exenta de ellas, pero la doncella, por encima de todo, vivió y fue ella misma.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. 

Micifuz


* * *

8. "Soy Soledad."

Soy Soledad. 
Mis ojos son grandes de color verdes, con mirada seductora, atrayente. No podrás dejar de mirarme. Mi boca es grande formada por labios gruesos y carnosos, sensuales, donde encontrarás una sonrisa alegre y confiada. En mi cara resaltan mis pómulos redondos y en mi cabeza larga melena de pelos claros tirando a rubio. Mi cuerpo tiene grandes curvas con pechos y nalgas voluptuosas. Nuestros encuentros están llenos de pasión y encantos. 
Yo soy Soledad. 
Te acompañaré haya donde vayas, de esta forma no te encontrarás perdido ya que estoy contigo.
Yo soy Soledad. 
Compartiremos alegrías y penas, de esta forma llevaremos mejor la vida, ya que, así, la vida resulta más agradable ya que conmigo la puedes compartir. Soy desinteresada. No soy egoísta, ya que me gusta estar contigo, te ayudaré a reflexionar, para que tomemos las mejores decisiones, conmigo puedes disfrutar contemplando la vida, mirándola y respirando. Te ofrezco La Paz, la ausencia de reproches y discusiones absurdas, tendremos largas conversaciones, con intervalos de silencios, si así lo deseas. 
Yo soy Soledad. 
Con la que no te sentirás abandonado y sí muy querido, cuando te equivoques, los dos lo contemplaremos aprendiendo de ello con valentía, sin acordarnos, riendo, dialogando con Don Miedo. Juntos empequeñecerá. Será un juego con un enano. 
Yo soy Soledad. 
Con la que más te identificas por ser igual a ti, apenas notando diferencia entre los dos, te doy mis mejores ideas que, a través de ellas, encontrarás la felicidad. 
Yo soy Soledad. 
Para animarte a que tengas encuentros con otras y otros, no soy celosa, ni rencorosa, tolero tus caprichos ya que entiendo aquellas cosas que te hacen feliz y no haré de zancadilla, para que los alcances sin dudar de ti. Yo soy Soledad.
Con la que compartes compañeros, como los libros que leemos, encontrándonos paisajes, escuchando melodías, el disfrute de un baño en un río o mar o aquellos viajes que realizamos sin movernos de casa, soñando con lugares distintos, abrazándonos apasionadamente, yendo de la mano como si fuéramos uno sobre el otro. 
Yo soy Soledad. 
Juntos viajaremos al fin del mundo y estaré sin rechistar hasta el fin de tus días en compañía. 
Yo soy Soledad. La que te enamora en cada despertar. Llega la noche, te hechizó soñando, me apegó a ti, más por la ilusión que nace entre los dos, viviendo cada instante sin mirar atrás, ni adelante. 
Yo soy Soledad.

M. González


9. Quería contaros una breve historia de mi vida, de los últimos acontecimientos que han sucedido y que me han cambiado para siempre.
Hace casi dos años  descubrí que mi pareja,  con la que llevaba casada casi veinte años, me era infiel. A partir de ahí, mi mundo se desmoronó, vivía en una nebulosa, estaba totalmente colapsada, me sentía incapaz de tomar decisiones.  Él  jamás dio su brazo a torcer, convencido de que yo no  daría  ningún paso hacia adelante sola, al fin y al cabo, yo era su enfermera, su secretaria, su administradora, su solucionadora de cualquier problema……en definitiva,  estaba tan volcada en él, que debía pensar  que así seguiría el resto de mi vida.
Pero poco a poco,  pasaron meses, y  me fui haciendo fuerte, y llegó un momento en que tuve la suficiente energía para separarme. El primer paso de algo de lo que no me creía capaz ya estaba dado.
No obstante, pronto me di cuenta que necesitaba ayuda profesional. Estaba agotada del esfuerzo y me sentía en un “sitio oscuro” y “sentada en una silla “, sin saber por dónde seguir.
Entonces me vinieron todo tipo de sentimientos de culpa, de preocupación, de tristeza….. mi familia me ayudaba todo lo que podía, pero no era suficiente, estábamos desorientados.
Así fue como acudí a Rosa. Yo nunca había ido a un profesional de la psicología, no sabía cómo sería, cómo se trabajaría, y si me serviría de algo.
Desde la primera sesión, salía de su consulta mucho más contenta  de lo que entraba, pero tenía mucho camino por delante. Al principio entendía lo que Rosa me explicaba, pero no conseguía “comprenderlo de verdad”, no lo incorporaba a mí  día a día. Era teoría sobre la que yo trabajaba, pero poco más.
Quien piense que ir a un psicólogo es sentarse en una silla y hablar, está equivocado. Hay que trabajar mucho y cuesta, porque estás en una etapa muy dolorosa y cualquier esfuerzo es titánico.
Pero poco a poco, vas incorporando a tu vida todas esas enseñanzas, esas formas distintas de ver las cosas, aprendes a quererte, a respetarte, a cuidarte, a perder los miedos a la soledad, a hacer cosas sola, a tomar decisiones, a que no eres rara por no tener pareja y puedes tener una vida estupenda así, y vas viendo que las cosas no tienen  por qué ser como tu estabas acostumbrada a verlas.
Te das cuenta que eres capaz de hacer muchas más cosas de las que  te creías, y eso te da una enorme satisfacción.
No es  un camino fácil, ni mucho menos: Hay días malos, momentos muy malos,  bajones y tristezas, muchas piedras que saltar, gente que creías cercana que no lo es, y al revés; sorpresas que te da la vida y que tienes que aprender a asumir.
Yo no he acabado mi trabajo con Rosa, tengo que seguir trabajando algunos temas. Pero desde luego mi  vida es otra, ha cambiado por completo: estoy mucho más feliz, contenta y entusiasmada con personas y cosas que han aparecido en mi día a día.
 Estoy convencida que todo sucede porque yo tengo otra actitud ante todo, otra alegría y una paz que era desconocida para mí.
Animo a todas aquellas personas que se encuentren en circunstancias parecidas a las mías (  y solo quien esté pasando por esto lo sabe) a pedir ayuda y orientación, Sin eso, la herida puede ser mucho mayor y cicatrizar…..no sé , quizás mucho más lento, doloroso y a lo mejor no del todo.
Merece la pena trabajar para salir de una situación “oscura”,  y ver que lo que  tienes por delante es mucho mejor de lo que te crees, y está lleno de luz y color-
 ¡¡Y se consigue ¡!
¡¡Mil gracias Rosa!!

Patricia 


10.

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