"Se puso de rodillas frente a ella, que en ese momento permanecía sentada al borde de la cama mirándole, mordiéndose el labio inferior mientras descruzaba sus piernas envueltas en hilo fino hasta sus muslos. Él subía su falda, lentamente, mientras cogía entre sus manos su pie izquierdo y besaba con dulzura la tira de cuero encharolado de sus zapatos de tacón de aguja. Le seducía ese pie tan bellamente adornado y no quería más que poner sus labios en contacto con él. Parecía una práctica inofensiva. Él susurraba ávidamente a sus pies que parecían responderle. Esos pies sensuales y corruptibles una, dos y hasta tres veces. Ella se dejó hacer.