jueves, 15 de enero de 2015

DIEZ RECETAS CASERAS SOBRE LAS EMOCIONES




Que las personas estamos influidas por el medio social en el que vivimos y nos movemos por modas es más que evidente. Esto mismo ocurre con la inteligencia emocional que desde hace unos años parece que está atendida por un número cada vez mayor de personas que desean aprender a gestionar sus emociones.
A pesar de todo este empeño y leer libros, ir a charlas, ver tutoriales en youtube o hablar con los amigos de las mejores técnicas, parece ser que gestionar las emociones y saber qué hacer con ellas cuando aparecen así, sin más, es algo que implica más práctica de lo que parece.
¿Qué hacemos las personas para intentar manejar estas emociones del modo que creemos que funciona mejor? Expongamos, pues, las falacias sobre la gestión emocional. Todo aquello que es falso y que, en lugar de ayudarnos a manejar de forma óptima nuestro mundo emotivo interior, resulta que nos hace sentir peor. 

Desmontando las  "recetas caseras de la abuela" sobre las emociones:


  • "La mejor manera que hay para controlar las emociones es reprimirlas, así desaparecen". Esta es la receta de la olla a presión. Mete todo lo que sientas dentro de tu cuerpo. No dejes que nada de lo que sientes salga fuera. Que no se note. Acumula. La receta consiste en acumular y, llegado el momento culmen, explotar. En otros casos, acumulamos y mantenemos convirtiendo esas emociones en verdaderos bloqueos que se traducen y expresan a través de lo físico, somatizando en el cuerpo con síntomas y enfermedades.
  • "Las emociones son buenas o malas. Positivas o negativas". Esta receta es la que aprendemos de Argiñano: todo vale, todo se utiliza, aquí no se desperdicia nada. Una costumbre muy polarizada y utilizada por muchos autores para expresar las diferencias emocionales y categorizarlas, polarizándolas. Por supuesto esta clasificación es muy limitada. Cualquier emoción es adaptativa. Aquello que sentimos es la información que nos llega que, de otro modo, no serviría. Por ejemplo, sentir implica sobrevivir. El miedo, que es una emoción muy común, puede servirnos para valorar el riesgo si andamos por la repisa de un balcón situado en un noveno piso, nos ayuda a proteger nuestra vida. Sentimos para vivir y aunque, a veces, la experiencia no sea la que más nos agrada, cualquier emoción nos sirve para informarnos de cómo nos llega esa experiencia.
  • "Mostrar emociones te hace débil". Esta es la receta de la vichysoisse francesa o la porrusalda vasca de toda la vida. Fría. ¿Por qué es una falacia? Por que las emociones no se pueden mostrar. Nos lo han enseñado generación tras generación... y así vamos. Reír de alegría, llorar de tristeza, temblar de miedo, tensarse de ira... esto no es debilidad es inteligencia emocional. Mi cuerpo reacciona a las emociones porque está diseñado para ello. No hacerlo, en su justa medida adaptativa, va contra nuestra propia naturaleza. Mostrarnos nos hace humanos y nos ayuda a relacionarnos con otros seres humanos a través de esta capacidad tan maravillosa. Bloquearlas o impedirlas nos hace sentir mucho peor. Expresarlas nos libera (sin dramatismos).
  • "Ojos que no ven, corazón que no siente". O receta de las croquetas de pescado. Aunque queramos creernos que es otra cosa, realmente vemos lo que es y lo sentimos. Mirar a otro lado no hará que las emociones cambien. Podemos negar que algo nos afecta pero en realidad nos toca, dentro en nuestro mundo íntimo. Apartar los problemas, no ver a quien nos ha hecho algún daño, no hablar de una cuestión pendiente... puede hacernos pensar que  nos hará sufrir menos, aunque, la realidad es que hasta que no lo afrontemos y pasemos, no lo elaboraremos íntegramente. Podemos llegar a ignorar lo que nos ocurre como una forma de protegernos del dolor, pero esto solo hará que nos anestesiemos emocionalmente del sufrimiento y de cualquier otro tipo de emoción. Neutralizando cualquier sentimiento que nos llegue. Las emociones no se irán pero cada vez seremos más resistentes a sentir, hasta inhabilitarnos por desuso.
  • "Siempre hay que estar alegre". Esta receta es la de la sidra asturiana, el agua de valencia o el pacharán navarro. Caer en  la falacia ilusa y trastocada de la alegría, felicidad y bienestar constante, no hace otra cosa que ponernos una venda en los ojos y negar la realidad emocional. Sentir implica que aunque no pierdas la alegría o el optimismo, en términos generales, puedas percibir cambios en tus sentimientos que te dan información maravillosa para analizar, observar, decidir, seleccionar, desechar, indagar o poner límites. Sentir es conocer a través del mundo sensible. El conocimiento es información y esta poder (sobre nosotros mismos, claro).
  • "Debemos evitar estar enfadados o rabiosos". Esta receta lleva mucho chile, que como dicen nuestros hermanos en Méjico, es la salsa para "güevones". Evitar es una acción que emocionalmente no da muchos frutos. Se hablaría más bien de observar lo que uno siente sin evitarlo sino manejándolo. La rabia o el enfado son emociones que nos ayudan a percibir cuando nuestros derechos han sido pisoteados y, por tanto, nos facilitan las decisiones que nos lleven a ser asertivos con otros. Expresamos aquello que sentimos ante determinadas circunstancias respetando al otro y haciéndonos cargo de nuestros sentimientos, sin hacer responsables a los demás de nuestro mal humor.
  • "No hay que tener miedo". Esta receta es la de la creatividad. Usa lo que está disponible sin saber cuál será el resultado... Está claro que percibir el miedo con intensidad no es demasiado agradable. No deja de ser la percepción de una amenaza y, en ocasiones, nos alerta de una realidad que puede atentar contra nuestra vida, por lo que se constituye como un mecanismo de supervivencia ante situaciones adversas que necesitan rapidez en la respuesta.  El problema estaría cuando la intensidad emocional es desproporcionada frente al riesgo real. Así, sabemos que el miedo puede convertirse en un gran amigo, un aliado que nos acompañe en lugar de bloquearnos. El miedo está asociado a las respuestas de ansiedad. Por tanto, bajar la intensidad de la ansiedad nos ayudará a percibir el temor como el sentimiento que nos acompaña ante lo que percibimos como amenaza irreal y que podemos realizar igualmente. Nos educan para eliminar o evitar en lugar de entender e integrar.
  • "Cuando te sientas deprimido o triste, distráete con otra cosa para que se vaya ese humor". Falsa receta de soufflé preparado al horno y que, si está bien preparado, aumenta mucho su volumen. Su inconveniente está en que si se deja enfriar, se puede bajar, desinflar, desmoralizar, derrumbar. Por eso no hay que darles tiempo y tomarlos ipso facto, como mejor solución. Aquí pasa lo mismo. Ataca la emoción, cómela entera. Sin distracciones. Sin aparcar aquello que nos hace sentir tristes y que incluso nos puede hacer llorar. Mejor devorarla que aparcarla. La solución: comerla en caliente para digerirla mejor, sino se nos atasca y deja de ser expresada y eso nos lleva a otras consecuencias poco beneficiosas para el equilibrio de nuestro estado de ánimo.
  • "Las emociones son permanentes", como algo congelado que no permite cambio mientras se mantenga a la misma temperatura. Parece que aquellos sentimientos que nos desagradan no vayan a terminar una vez iniciados. Totalmente erróneo. La emoción es temporal y fluctúa en intensidad. Cuando observemos que está, pongamos nombre y hagamos algo con ella a través de una elaboración sana junto con nuestras cogniciones. Si está es por algo, para que seamos conscientes de una nueva información y hagamos algo con ella, como por ejemplo: comprendernos más aunque en ese momento ni nosotros mismos nos soportemos.
  • "Cualquier emoción intensa hay que racionalizarla". Esta es cualquier receta de la dieta sin gluten... No podemos razonar hasta que el cuerpo deje de hablar. Al menos, manejar su intensidad y luego pensar y entender ese sentimiento. Reestructurar nuestro pensamiento ayudará a poner en orden lo que intensifica la emoción pero no la evitará y ayudará a saber qué hacer cuando sentimos.

Decálogo de conclusiones eficaces para el manejo emocional:

  1. Expresa lo que sientes ya que forma parte de tu esencia humana.
  2. Emocionarnos nos hace vivientes y nos ayuda a sobrevivir.
  3. Muéstrate con la vulnerabilidad que implica sentir y acéptala para que sea una fortaleza.
  4. Ignorar tus estados emocionales te traerá otros problemas, escucha tus emociones.
  5. Sentir te conecta contigo mismo, te ayuda a reflexionar.
  6. Expresar tus sentimientos te mantendrá sano y te hará asertivo.
  7. Convierte tus emociones en tus aliados.
  8. Expresar lo que sentimos ayuda a elaborar experiencias y a ser comprendidos.
  9. Las emociones cambian, son inestables, y nos dan información importante.
  10. Permite que la intensidad emocional realice su proceso natural y ayúdate a manejarla.
*  * *
"Siendo una práctica estrictamente humana, jamás pude entender la educación como una experiencia fría, sin alma, en la cual los sentimientos y las emociones, los deseos, los sueños, debieran ser reprimidos por una especie de dictadura racionalista".
Paulo Freire

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