jueves, 17 de diciembre de 2015

El sexo más allá de la juventud. (Entrevista/Colaboración)

 ¡Hola a todos!

Hoy os dejo con el reportaje que ha realizado la periodista Mª del Mar Agüera sobre la sexualidad en las personas mayores para el que he colaborado. Junt con otros expertos, se hacen alusiones a temas que pueden despertar vuestro interés sobre determinados aspectos de la sexualidad a lo largo del proceso evolutivo, al que llegaremos sin prisa pero sin pausa.

¡Buena lectura!

 

El sexo más allá de la juventud

https://mariadelmaresunnombremuylargo.wordpress.com/2015/12/01/el-sexo-mas-alla-de-la-juventud/ 

 

Pedro Villegas, sexólogo: “La vida no es para los jóvenes, la vida es para mí”

Muchos son los mitos y muchas las personas que creen que al alcanzar una edad madura la práctica sexual es inexistente, se pierde el apetito sexual o la capacidad de sentir placer. Toda esa información no es más que una falacia ya que, según expertos, hay un gran número de ancianos que gozan de una vida sexual activa, saludable y dinámica.

 Reportaje realizado por Mª del Mar Agüera Sánchez

Al buscar en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) la palabra sexo, las definiciones que aparecen son: 1. Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas. 2. Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. 3. Órganos sexuales. 4. Placer venéreo.
El sexo, antiguamente, era conocido solo como el acto donde un hombre penetraba a una mujer con un único objetivo: la reproducción. La sociedad ha cambiado mucho y avanzado en este aspecto, ya que la práctica sexual ya no solo está destinada a esa función, sino que se asigna al disfrute y al placer. Además, no solo implica la reproducción, sino que actividades como la masturbación propia o mutua, el sexo oral o el anal, entre otros, también son considerados como sexo. El erotismo, la sensualidad, la atracción y el juego de miradas y de caricias han pasado a formar parte del amplio y complejo abanico que define a la sexología, y que forman parte de la vida del hombre, no solo a la hora de tener descendencia, sino también para uso y disfrute.
La actividad sexual ha existido desde siempre. El enfoque de esta hacia el placer es plasmado en numerosos momentos en la historia de la humanidad, destacando que muchas son las diferentes culturas y costumbres existentes.  Algunos ejemplos recogidos son los de el emperador romano Tiberio que gozaba de mirar a los jóvenes teniendo relaciones entre ellos e incluso a veces participando del sexo; lo mal visto de los besos entre los romanos y griegos aristócratas; la popularidad del sexo anal en el matrimonio en época grecorromanas; la libertad de relaciones sexuales entre solteros, los no prejuicios contra las prostitutas, y el incesto en la realeza en el Antiguo Egipto; etc.
A pesar de haber algunos rastros en la historia de libertad respecto a las relaciones sexuales, estas son mayormente conocidas por ser consideradas objeto de prejuicios, mitos, tabús e incluso rechazo. En la sociedad actual, pese a vivir en pleno siglo XXI y considerar que se vive en un mundo dispuesto al debate, la tolerancia y el respeto; lo cierto es que el sexo sigue estando mal visto. Muchos son los adjetivos calificativos empleados para aquellas personas a las que les gusta disfrutar de una vida sexual activa y libre, y muchas son las personas conservadoras que siguen pensando que la búsqueda del placer, en estos casos, está mal.
Por todo ello, cuando a alguien se le pregunta si cree que los ancianos mantienen relaciones sexuales, muchos son los que se escandalizan, se ríen, evitan pronunciarse o lo niegan rotundamente. Se califica de “asqueroso” a algo que es tan natural como respirar, añadiendo que a ciertas edades el apetito sexual es nulo o casi nulo, y que con esa edad se debería tener otras preocupaciones, o no se debe tener ganas de sentirse vivo de esa manera. Sin embargo, que las personas de la tercera edad no practican sexo es uno de los mayores tabúes existentes hoy día, según expertos.
“Es una cuestión más que de la sociedad, de la moral, porque a la sociedad no le importaba que se tuviera sexo a esa edad. A quien le importaba era a la religión, que decía que el sexo solo se hacía en el matrimonio y por la noche. Ni los niños, ni los homosexuales, ni los ancianos. Nadie que no estuviera casado podía tener sexo”, declara Pedro Villegas Suárez, Médico de Familia, Sexólogo, y experto en Medicina Antienvejecimiento y en Psicosomática desde 1984, que actualmente ejerce su trabajo en las consultas privadas sevillanas Clínicas Ginemed y en el Hospital Nisa Aljarafe; “El problema grande que ha tenido la sexualidad es que ha sido elegida por los moralistas”.
El sexo, además, ha sido asociado erróneamente con la juventud. La publicidad transmite a sus espectadores una determinada idea del mundo en el que vivimos, haciendo creer que se desean cosas que realmente no son necesarias, instalando pensamientos y creencias no atribuidas como propias, e interiorizando conceptos alejados de la realidad. La ropa, el arte, el deporte, los estudios o el sexo, entre un millón más de ámbitos, no existen solo para un sector de la población, sino para la totalidad global.
“En la sociedad en la que vivimos aquello que es saludable, placentero, divertido o procreador, significa juventud. Lo estético del material gráfico, lo bello del cuerpo, las proporciones aceptadas tienen que ver con la juventud.  La tercera edad tiene más dificultades para asociarse a estos parámetros y reflejar este tipo de concepto. El sexo a una edad más adulta se rechaza con etiquetas sociales tan peyorativas como “viejo verde”, “menopáusica”,…”, dice Rosa Collado Carrascosa, Psicóloga Especialista en Sexología y Psicoterapia Integradora en el centro madrileño de psicología Álava Reyes.
Por otro lado, se piensa que con el paso de los años el cuerpo ya no se encuentra capacitado para el sexo. Muchos de estos mitos engloban la falta de deseo sexual, la no excitación, los problemas de salud debido a patologías o  al abandono físico, la no capacidad de sentir placer, la falta de ganas, etc. La realidad es otra: los ancianos se encuentran completa y totalmente capacitados de mantener relaciones sexuales y, lo que es más, es muy sano para su salud, tanto física como mental.

“Es habitual que se piense en la edad madura y la vejez como el fin” comenta Ana Pérez, Psicóloga, Sexóloga y Especialista en Terapia de Pareja, “Cuando se habla de la vejez, en ello influye el concepto de degradación del cuerpo: como todo va cambiando y “marchitándose”. Se piensa en que, también, no hay hueco para la sexualidad y el amor, lo que no es así, ya que se pueden descubrir todavía muchas formas de amar. La mentalidad también influye, ya que nuestros abuelos y bisabuelos nacían con la tradición de mantener el matrimonio hasta la muerte, por lo que si alguno de ellos quedaba viudo, no había posibilidad de buscar a otra pareja. Esto hacía que el concepto de sexualidad se manchara de un tono oscuro y dramático a la hora de hablar de sexo. Las relaciones eran algo que sólo se reservaban a la pareja con la cual se iba a constituir el matrimonio, algo que hacía que se llevara una vida muy ordenada pero también sin continuidad en caso de que alguno de los miembros de la pareja faltara.”
Bien es cierto que tanto la intensidad como la frecuencia y el deseo sexual disminuyen con el paso de la edad, pero no desaparecen. La práctica sexual, que depende de factores físicos, psicológicos y de relación a esas edades se vuelve más importante.
La forma también varía: el sexo pasa a ser más lento, y a basarse en un juego más sensual, donde priman las caricias, los besos, y la atención sobre el otro. Esto se debe a que al alcanzar una  determinada edad, la reproducción ya no es posible, y el aparato sexual de cada persona suele actuar, durante toda su vida, en función de esta. Sin la necesidad de procrear para perpetuar la especie o para tener descendencia, podría considerarse innecesaria la práctica sexual; más ese es otro mito que desmentir.
Ana Estrella Rufo, Médico-Psicoterapeuta y Sexóloga en Cáceres, afirma: “Se da por hecho, que la mujer cuando alcanza la menopausia y el hombre se encuentra en una edad avanzada, hay otro tipo de afectos que no solo conciernen a la vida sexual; coexisten otros intereses, junto con la conducta sexual, bien sean familiares, económicos, de salud, etc. Al haber un cambio en el nivel hormonal, el deseo sexual disminuye, la libido también lo hace, y no hay suficiente estímulo como para reencontrarse.  Los hombres, por regla general, siguen necesitando la sexualidad como parte integradora de sus vidas, les hace sentirse vivos; de hecho solemos contemplar hombres mayores con chicas más jóvenes y viceversa. Por tanto, vivir el sexo también es una necesidad de situarse, de reivindicarse, lo que les hace sentirse más dentro de la vida. Para una mujer quizás es un poco diferente ya que vive diferentes situaciones a lo largo de la vida, cambiantes, desde la pubertad hasta cuando se accede a la maternidad, y luego cuando se vive la menopausia. Hay entonces un período desde que empiezan los cambios hormonales hasta que la menstruación se retira definitivamente. La mujer pasa por una etapa en la que se reencuentra a sí misma, nivela la homeostasis interna y, por tanto, vuelve a tener una vida sexual que es incluso a veces en más activa que la que vivía anteriormente. Las relaciones sexuales dependen mucho de las personas. La sexualidad se encuadra dentro de la personalidad intrínseca de cada uno, y lo mismo sucede en las personas mayores.”
El apetito sexual por etapas: el sexo en los adolescentes
La pubertad es la etapa en toda vida de una persona donde sufre más cambios. A nivel emocional, entran en conflicto una gran carga de pensamientos y emociones, así como una bandera que reivindica la rebeldía y la libertad es alzada en el cielo entre gritos. A nivel físico, asimismo, los cambios son más que evidentes: hay un crecimiento corporal evidente, empieza a crecer vello por doquier, la voz cambia, el acné se propaga por el rostro y alrededores, y empieza a aparecer e incrementarse el deseo sexual. En las chicas, los pechos aumentan su tamaño, se ensanchan las caderas, cambia la forma del cuerpo, pueden tenerse sueños húmedos y, por encima de todo,  comienza el período menstrual. En los chicos, el pene se alarga, ensancha y oscurece; la próstata y las vesículas seminales alcanzan su volumen definitivo; los testículos crecen y producen testosterona y espermatozoides; aparecen las primeras erecciones y la primera eyaculación, así como las eyaculaciones nocturnas espontáneas.
Después de esta etapa se entra en la adolescencia que es, si cabe, más confusa e intensa que la anterior.
Se entiende por juventud aquella edad situada entre la infancia y la madurez pero, en el caso de las relaciones sexuales que nos incumbe, se habla de las edades comprendidas entre los catorce hasta los treinta años, aproximadamente. El sexo a estas edades es completamente diferente al que se tienen las personas de la tercera edad aunque no es considerado mejor, según la opinión de expertos, ni por asomo.
Según la experta Rosa Collado, el adolescente tiene las hormonas disparadas, sumado a la novedad, al descubrimiento no solo de su propio placer sino de compartirlo con una pareja e intensificar la experiencia. Afirma que el que haya más deseo por ese estímulo hormonal más potente no significa que haya más actividad sexual, a no ser que se cuente como actividad sexual el onanismo, que probablemente sea mucho más usual. El adolescente tiene dificultades en dónde tener relaciones y por eso la frecuencia es menor, aunque el deseo y la excitación sean mayores. Mantiene, al mismo tiempo, que es un proceso de aprendizaje que dependerá de cada caso en particular. Cada práctica dependerá de lo que cada uno quiera. Hay adolescentes que temen el coito por miedo al embarazo y su práctica va más dirigida al sexo oral o la masturbación mutua y otros que lo idealizan como lo más apetitoso del sexo.
El placer es completamente distinto entre hombres y mujeres, también, y estas disparidades se ponen más de manifiesto a esas edades. “Los chicos tenemos un único deseo, se llama el deseo finalista”, comenta el experto Pedro Villegas,  “lo único que tenemos es ganas de eyacular, ¿con quién? ¿De qué manera? Me da igual. Las chicas tenéis ganas a veces de que os pongan alegres, bailar, divertiros, y no hace falta que haya mucho sexo. Hay muchas veces que tenéis una relación sexual, no llegáis al orgasmo y sin embargo os lo habéis pasado bien. Los chicos si no eyaculan, no dicen eso. Las chicas muchas veces tenéis ganas de ser tocadas sin que vaya a más. Los chicos, como los toques, quieren que vayas a más. Hay grandes diferencias entre chicos y chicas.”
Muchos expertos parecen coincidir en este punto. La especialista Ana Pérez añade que los chicos, además, responden de una manera más visual; es decir, sentirán más placer por ver fotografías eróticas, por vídeos, por ver como las chicas se estimulan, etc. Las chicas, por otra parte, son mucho más cerebrales y mentales; es decir, sentirán más placer por la palabra y por cómo está se use, así como por las caricias y la previa estimulación sexual. Se podría decir que ellos piensan que la penetración es el único fin, algo que está muy lejos de la realidad, ya que en las relaciones adolescentes también existe mucho el petting, roces encima de la ropa y también la masturbación conjunta.
La época en la que se nace también condiciona la forma de ver, sentir y disfrutar de las relaciones sexuales. Los ancianos de hoy en día viven su sexualidad de una determinada forma porque así es como los educaron: muchos de ellos apenas han estado con una persona que no fuera su marido o esposa y, al quedar viudos, han conocido a otro compañero o compañera; pero quizás no hubiera ese “exceso” de libertad sexual que es vigente en la actualidad.
Los ancianos de ahora tenían prejuicios por la época en la que les ha tocado vivir sus relaciones sexuales. No recibieron una educación sexual adecuada, diferente a la recibida por los adolescentes de ahora, quienes mantienen una vida sexual activa a una edad muy temprana y en algunos casos sin la madurez necesaria para afrontar las posibles consecuencias de ello, mantiene la doctora Ana Estrella. Hoy día los adolescentes no parecen valorar las relaciones emocionales. “No deberíamos permitir relaciones emocionales y, por ende, sexuales, que no nos hicieran hacer sentir bien como personas. Si tú no dejas que cualquiera entre en tu casa, ¿cómo dejas que alguien entre dentro de ti?”
El sexo pasa a ser diferente con la edad. Los adolescentes, en especial en el caso de los hombres, buscan la penetración y la eyaculación de una manera rápida, sin experimentar demasiado ni prolongarse en los conocidos “preliminares”, es decir, en las caricias y los besos. Las chicas, por el contrario y por regla general, necesitan más tiempo para alcanzar el orgasmo, de forma más lenta pero también más duradera.
Cambios con la madurez
Con el paso de los años, se coge experiencia. Se supone que las personas conocen bien su sexualidad y saben qué es lo que le gusta, cómo le gusta y se atreven a pedirlo, siendo eliminada esa inseguridad o vergüenza más característica de la juventud. La experiencia lleva a que la novedad del coito y el placer sea relativa y termine con cada nueva pareja tras determinados encuentros, lo que lleva a que los hábitos sexuales sean menos frecuentes o más rutinarios.
Hay un cambio en la novedad y a veces la monotonía en el juego sexual se adueña de la relación íntima. Además con el tiempo hay que jugar con otros factores que pueden influir en las relaciones sexuales: el estrés laboral, los problemas económicos, la falta de espacio de pareja o intimidad, mayores responsabilidades, conflictos en la relación, enfermedades, etc.
Lo que es indudable es que, con el paso de los años, las personas se vuelven más atentas en sus relaciones íntimas.  El erotismo, da paso a una relación distinta, donde se recurre más a la sensualidad, el estar pendiente el uno del otro, los besos pasionales, los roces y las caricias. La doctora Ana Estrella sintetiza esta idea aclarando que se recurre de nuevo al cortejo, donde el hombre desea conquistar a la mujer y tenerla enamorada. La relación se diversifica en mayor medida, se invierte más tiempo en el encuentro, el cual está más cargado de ternura, besos, tocamientos,… dando lugar a una práctica sexual más completa. De hecho, al alcanzar una madurez psico-biológica, las personas pueden abrirse a nuevas experiencias y vivirlas de distinta forma.
Entre los cambios físicos más característicos de esta edad destaca el que a las mujeres les llegue la menopausia, lo que implica que los óvulos dejan de producir estrógenos. Se dice que una mujer ha dejado de tener el período cuando lleva entre doce y quince meses sin él. Cuando esto sucede, a la edad de cuarenta o cincuenta años,  disminuye la frecuencia en las parejas normales, no solo en los ancianos.  La causa se centra en la falta de ganas o entusiasmo por la práctica sexual, porque quizás priman otras cosas, como la ternura, el cariño, la confidencialidad; o simplemente el sexo se ve reducido por otros problemas personales y por tenerse otras preocupaciones.
El hombre, por otro lado, va cambiando de un juego más rápido a otro más pausado y relajado porque sabe que “va a durar poco”; empieza a aparecer esa precocidad. La eyaculación y la erección son poco duraderas, por lo que se centra más en el erotismo.
Una gran cantidad de expertos en este ámbito afirman que la idea de la penetración la ha dado el machismo, y que esto implica que esa es la única forma de entender el sexo. Ponen como ejemplo, de tal forma, el pensamiento de la Iglesia y su visión de que todo lo que no sea la introducción del pene en la vagina son “porquerías”, la pornografía, cualquier persona que trabaja en una tienda de artículos eróticos o sex-shop donde lo que se vende y se ofrece primordialmente son penes de plástico, y la sexología moderna inclusive. Sin embargo, remarcan, la penetración es lo menos divertido del juego sexual.
Según el sexólogo Pedro Villegas, “el 80% de las mujeres jamás en la vida tienen un orgasmo solo con la penetración”.
El placer
¿Sigue existiendo esa misma capacidad de sentir placer que se tenía a edades más tempranas en la vejez o desaparece? Sí, se sigue teniendo. La capacidad de sentir placer de  todo ser humano existe desde siempre. Un bebé cuando nace ya tiene todo lo que necesita potencialmente para sentir placer en el futuro con su cuerpo a nivel sexual. El desarrollo evolutivo, por otro lado y según Rosa Collado; marcará cada una de las etapas, mas la capacidad existe desde el principio.
Al llegar a la tercera edad, las expectativas en torno al sexo y la conducta sexual cambian. De las ideas y creencias sobre lo que es bueno o no en este ámbito en relación con otras personas y con uno mismo, se derivará el lugar que el sexo ocupe en la vida de uno. Los seres humanos poseen una sensibilidad sexual, y son importantes en esta etapa tanto los aspectos físicos como los emocionales. A nivel conductual hay que estimular de forma más directa, intensa y más tiempo para conseguir los efectos que se tenía cuando uno era más joven. El resto depende de lo cuidadoso, prolijo y relajado que se tome cada cual las relaciones, potenciando las caricias por todo el cuerpo y reduciendo la genitalidad.
Las actitudes negativas, costumbres al funcionar de determinado modo, falta de tiempo, el mito de la edad, el aspecto físico y el cambio corporal son aspectos que pueden marcar diferencias entre hombres y mujeres en la búsqueda activa de la conducta sexual. Las personas adultas buscan más calidad que cantidad en términos generales.
A este juego erótico que es practicado mayormente por aquellos de una edad más avanzada suele llamarse “amor lento”, según declaraba Paulino Castells antes de su fallecimiento, en un artículo llamado “Jubilados sí, pero no del sexo”, publicado en el periódico ABC el 19 de agosto del 2013; “El objetivo será lograr el placer a partir de caricias sensuales destinadas a estimular las zonas corporales sexualmente más sensibles intercambiando estímulos afectivos y emocionales cuya finalidad no es necesariamente el coito. Descubrir esa forma de amor lento puede originar un gran placer. La adecuación consiste en que los dos, con amor y cariño, pongan más imaginación, con menos inquietud de consumar el acto en sí mismo (pues, ciertamente, éste se va a efectuar con menor frecuencia) y más ilusión en las caricias y los juegos amorosos.”
Otros expertos opinan, en adicción, que con la edad y la experiencia las personas saben disfrutar más aún de lo que les ofrece la vida, sobre todo en cuestiones relacionadas con el sexo. La única diferencia física que ven entre hombres y mujeres adolescentes y ancianos es que con la edad las personas se vuelven más lentas para excitarse.
Lo de que no puedan seguir sintiendo placer es otro mito, aclara la doctora Ana Estrella. Las mujeres, después de la menopausia, pasan por una transición de dos a tres años en la que el deseo sexual se ve reducido y postergado debido a lo dicho anteriormente; la mujer pasa por una etapa en la que se centra más en ella misma que en otras relaciones. Sin embargo, transcurridos estos años vuelve a reencontrarse a sí misma. Por otro lado y en relación a ello, los hombres también adquieren una nueva madurez psico-biológica, donde ya no es tan importante la frecuencia de la erección como la calidad de la relación sexual. Una vez entienden esto empiezan a disfrutar, de nuevo, de su sexualidad. Destaca, reiteradamente, la abundancia de ingredientes tales como la complicidad, el afecto, el roce, etc.
La Médico-Psicoterapeuta y Sexóloga médica pone como ejemplo la historia de una pareja de ancianos que retomaron sus vidas y que siguen realizando, contra todo mito, la práctica sexual:
Ella había dedicado toda su juventud al cuidado de sus tres hijos y de su esposo, quien a pesar de ser culto y haber ejercido como abogado, era rudo, taciturno e introvertido, y no trataba a su esposa como esta merecía. En el ámbito sexual, sus encuentros íntimos casi podrían ser considerados violaciones, ya que no tenía en cuenta los deseos de su pareja; si le apetecía o no, si le gustaba o por el contrario le desagradaba lo que le hacía. No tenía tiempo para ella ni le demostraba cariño, e incluso le impidió ejercer como profesora, su vocación. Para cuando su esposo murió, de un infarto, aquella mujer se dio cuenta de que realmente no había disfrutado de la vida. Ana Estrella, cuando un día fue esta señora a visitarla a su consulta  y le dijo que se marchaba un tiempo a la playa, donde tenía una casa; le recomendó que se dedicara plenamente a sí misma, que se cuidara, se alimentase bien, se riera y que encontrara la serenidad, porque a partir de ahí comenzaría una nueva vida y una nueva historia.
Y así fue. A los pocos meses, la mujer regresó a la consulta de la doctora en Cáceres y le dijo que había encontrado un hombre. Él era amigo de siempre de la familia, viudo, ganadero, cariñoso, gentil, amable, trabajador y atento. Después de muchos años, se habían reencontrado, y había surgido el amor entre los dos. “Yo sabía que la vida le iba a dar otra oportunidad, porque la pobre no había vivido”, relata la sexóloga, “Ella me dijo ‘Ana, estoy como si tuviera dieciocho años, ¡tengo muchos orgasmos! Esto no lo había vivido con mi marido. Jamás creería que a mí esto me iba a pasar’. La vida te tiene preparada sorpresas. Uno cree que la vida ha acabado pero no ha acabado, así que nunca se sabe. Hay que mantener la ilusión hasta el último día. Puedes conocer al amor de tu vida terminando tu vida. Tal vez no podía estar en ella antes porque no era el momento, ni la situación,… quizás los dos teníais que vivir otras cosas, y ahora de repente llega para poder vivir con placidez. Y es bonito, además  y lo viven como si tuvieran veinte años.”
Actualmente, tras tres años de relación, viven juntos y gozan de una vida sexual activa.
La comunicación
A la pregunta de cómo mejorar la calidad en las relaciones sexuales, los expertos afirman que se debe aumentar la comunicación a través de los sentidos: tener un espacio de caricias más largo, sin prisas, para crear de esta forma una antesala amorosa que amplifique la experiencia erótica; susurrar palabras agradables y bonitas, crear espacios mayores de intimidad, lograr una creatividad magnificada y tener curiosidad por otras prácticas diferentes a lo puramente genital…etc. Cuando se elige tener esta estimulación genital, añaden, es necesario que no se busque exclusivamente la penetración o coito y sí la orientación hacia la búsqueda de placer en la experiencia completa. Se puede lograr un mayor placer en este sentido diciéndole al otro lo que le agrada, lo que le incomoda, así como lo que desea que ocurra o que le haga. De esta forma, se aprende a satisfacer a la otra persona y que esta satisfacción sea recíproca.
Problemas o patologías de le edad
Parte del proceso normal del envejecimiento es la necesidad de un tiempo mayor para lograr la excitación. Con el paso de los años, tanto hombres como mujeres ven reducida la práctica sexual debido a problemas relacionados con el cambio que implica estar en esa etapa de sus vidas, o por patologías concretas que afectan al sexo de ambos géneros.
Según la especialista en sexología y psicoterapia integradora Rosa Collado, los problemas más frecuentes en los hombres son los siguientes: cambios en la libido, disfunción eréctil y aneyaculación; conocida como la incapacidad para eyacular a pesar de tener un alto nivel de excitación sexual y una buena erección y que afecta a la sensación orgásmica, llegando incluso en algunos casos a provocar anorgasmia o ausencia de orgasmos en las relaciones sexuales.
Entre las soluciones más populares destacan: Revisar, para descartar el problema físico, si hay cansancio o estrés y ansiedad, estados depresivos, enfermedad física, consumo excesivo de alcohol, diagnóstico de diabetes, hormonas (testosterona), dolor o enfermedad interna en los órganos genitales, o la ingesta de determinados medicamentos. Si tras las comprobaciones pertinentes se descubre que el problema es psicológico, sería necesario acudir a un tratamiento sexológico que ayude a adquirir habilidades de manejo y mejore la respuesta sexual y las conductas que pueden favorecer un desempeño aceptable que no deteriore la autoestima de la persona y le haga confiar en sí misma de nuevo.
La sexóloga Ana Pérez aconseja, además, “recurrir a buenos lubricantes a base de agua para favorecer la lubricación natural y terminar con la fricción, así como tomar alimentos afrodisíacos que ayuden a aumentar el deseo. Por otro lado, también ayudan los perfumes de feromonas, así como los aromas de jazmín, rosa o florales, para aumentar el deseo.”
En el caso de las mujeres, los problemas suelen centrarse en: un bajo deseo, escasos o débiles orgasmos y falta de elasticidad o lubricación, que puede causar dispareunia o dolor coital antes, durante o después del sexo. Las soluciones, en estos casos, son: descartar infecciones, revisar hormonas (estrógenos), falta de interés en el tema, falta de sensibilidad, cuadro clínico (ansiedad, depresión…)… para descartar lo físico. Si el problema es psicológico el terapeuta sexual ayudará adquirir las herramientas y potenciar las habilidades necesarias para mejorar la respuesta sexual.
Rosa, la psicóloga especialista en sexología recomienda, para ambos sexos, el permitirse funcionar diferente, tener paciencia, abrir la mente y romper tabúes, acercarse a la práctica sexual sin prisa, disfrutando el camino e instando a que se olviden de la ‘meta’ (referida tanto a la eyaculación como al orgasmo). Aprender a sensibilizar el cuerpo con nuevas caricias y fomentar la ternura, la complicidad, el juego y las ganas de descubrirse y disfrutar al máximo del momento. La comunicación, añade, es básica para aprender uno del otro y aprender de los cambios que conlleva la edad. Pedir lo que uno desea es fundamental. Transmitirse el cómo se quieren las cosas de forma abierta y sensible ayuda mucho a que cada cual se responsabilice de su propio placer sin forzar las posibilidades y sin hacer que el otro se sienta culpable o frustrado si no se llega a esa ‘meta’.
Otros expertos en la materia afirman que problemas tales como la falta de erección u lubricación son patologías concretas, donde se habría de tratar la causa. La solución a estos suele ser el recetar vitaminas para estar más activo, geles y lubricantes en las mujeres, y Viagra en los hombres; siempre controlando qué otros problemas de salud tienen, para no verse estos afectados.
Problemas como la artritis, el dolor crónico, la diabetes, la incontinencia o problemas de corazón son también, a menudo, causa de malestar a la hora de tener relaciones sexuales, y motivo por el cual muchas parejas dejan de tenerlas o reducen su frecuencia. El alcohol y el consumo de medicamentos también puedes afectar al desarrollo de esta actividad. Medicamentos para la tensión arterial, antihistamínicos, antidepresivos, tranquilizantes, supresores del apetito, drogas para la diabetes y algunas drogas para la úlcera pueden producir impotencia o dificultar la eyaculación en los hombres, así como pueden disminuir el deseo sexual en las mujeres.
Los problemas cardiovasculares a menudo son el mayor enemigo de la práctica sexual, es decir, todo lo que implique dificultad para que las arterias se llenen, dificulta a su vez la excitación tanto en el pene como en el clítoris. Fumar, beber, la comida o el propio ritmo de vida que puede generar estrés en una persona, son ejemplos claros de actividades y situaciones perjudiciales para la salud.
Otros tipos de problema con el que hay que enfrentarse en la vejez se arrellanan en el ámbito psicológico. La publicidad a menudo establece cánones de belleza que dan una idea de lo que es estéticamente correcto y atractivo, y de lo que no. Por ejemplo, una mujer que se mira al espejo y no ve la mujer joven que antes era, sino ve en su lugar manchas por la edad, arrugas y otras “imperfecciones”, probablemente se sentirá insegura respecto a su cuerpo o poco deseada por su pareja. A su vez, un hombre acostumbrado a consumir imágenes de perfección o belleza aceptada socialmente sobre mujeres jóvenes de cuerpos voluminosos, bien proporcionados y pechos generosos, al llegar a su casa y ver a su mujer, madura, puede ver modificado su deseo sexual. Concentrarse en la belleza física y juvenil puede interferir en la manera en la que se disfruta del sexo.
“Las altas expectativas sexuales influyen mucho a la hora de crearse miedos y tensiones internas”, declara la experta Ana Pérez, “La soluciones son terapia y reeducación sexual, así como trabajo conjunto en la guía de control emocional, reafirmación de pensamientos positivos, trabajo para cambiar la respuesta sexual y terminar con inhibiciones,… El tratamiento depende mucho del caso y de la patología que los pacientes estén sufriendo. En mi caso suelo personalizarlos muchos, creando unos personalizados con los cuales pueda trabajar de manera individual o en pareja, y lograr hacer que la vida sexual mejore y se transforme.
Los problemas físicos o enfermedades, tensiones diarias, las preocupaciones adicionales relacionadas con la edad, el retiro o jubilación, y otros cambios en el estilo de vida también pueden causar dificultades sexuales.
El sexólogo sevillano Pedro Villegas es un ejemplo de la resolución de problemas y búsqueda de soluciones eficaces en este ámbito. Tuvo una pareja de personas de la tercera edad que tenía dificultades en sus relaciones íntimas, relata, ya que a él le crujían mucho los huesos en la práctica y ella no podía concentrarse. Al experto se le ocurrió que le quitasen los brazos a cualquier tumbona o mecedora que tuvieran en su casa y que la utilizaran solo para la penetración, de vez en cuando. El hombre debía ponerse debajo y mover la tumbona o mecedora, mientras la mujer se mece desde arriba. Cuando no la utilizasen, podrían usar la cama o cualquier otro lugar para otra actividad sexual que no fuera la penetración. De esta forma, la pareja logró adaptarse a esos cambios y aprender a seguir disfrutando su sexualidad pese a los obstáculos que el paso del tiempo pone en el camino de todo ser vivo.
Beneficios del sexo en la tercera edad
A la vejez no solo se sigue teniendo una vida sexual plena y activa, sino que además y al mismo tiempo, tiene grandes y numerosos beneficios para la salud, tanto físicos como psicológicos.
La sensación de que se es joven de nuevo es una de ellas. Al envejecer, los expertos afirman que hay una especie de retroceso en el cuerpo, es decir, una persona vuelve a tener comportamientos e ideas de pubertad y juventud. Esto se debe a que muchos ancianos, al ver cerca su final, necesitan cariño, abrazos, comprensión y amor, y quieren aprovechar al máximo el tiempo que les queda. Con el sexo, este sentimiento aflora de nuevo de manera impetuosa.
Cuando una persona mantiene relaciones sexuales de manera activa, se siente colmado de felicidad, su sistema inmunitario sube, las defensas aumentan enormemente, se constipa menos, se generan una mayor cantidad de anticuerpos, disminuye la presión arterial y previene el estrés; la persona anciana se siente más viva, más anclada a la Tierra. A su vez, se nota más ligera, pasa de casi no poder moverse y tener muchos dolores, a tener menos. El sexo reduce la ansiedad, genera endorfinas y sube el ánimo, tonifica la musculatura, mantiene en forma el músculo pubocoxígeo (situado en el suelo de la pelvis; ejercitarlo previene la incontinencia urinaria en las mujeres y la eyaculación precoz en los hombres); previene enfermedades en los órganos genitales internos, da alegría, confianza, mejora la autoestima y el sentimiento de ser amado y querido, se cuida más a la pareja y se está más atenta de ella; ayuda a respetar el valor y amor propio por sí mismo y como derecho a través del desarrollo de los diferentes ciclos vitales; ayuda a aceptar la madurez como una etapa más de la vida, flexibilizando las actitudes en torno a uno mismo y a la intimidad, ayuda a mantener el placer de forma activa, mejora la comunicación, etc.
Además, hace que la persona se preocupe más por su físico y su bienestar: quiere verse bien, sentirse joven, y seguir gustando a otras personas. Por ello, se vestirá mejor, de una manera más moderna; pondrá esmero en ello, se cuidará más, quizás incluso haga deporte y cuide su alimentación. “Empiezas a querer no dejarte morir”, declara el especialista Pedro Villegas.
Consejos de expertos
La doctora Ana Estrella dice: “Las relaciones sexuales entran dentro del paradigma del ser humano, por lo tanto, están sujetas a variaciones de frecuencia, tiempo, intensidad, etc. Si detectamos algún cambio, habría que pedir ayuda a un especialista en ese ámbito para que nos ayude a quitar la ansiedad de ese tipo de disfunciones, y establecer nuevas pautas para llevar a cabo un tratamiento que con toda seguridad será un éxito rotundo, y que implicará la vuelta a la normalidad. La relación sexual no está vinculada a la edad, es decir, no es propia de la juventud ni exenta en la vejez, sino que depende de cómo uno se siente internamente y como desarrolla su vida. Lo principal es no etiquetarlo como algo negativo, y pedir ayuda si en un momento determinado no nos sentimos bien, como en cualquier aspecto de nuestra fisiología. Las relaciones sexuales son muy importantes en la vida de una persona: nos ayudan en el desarrollo intrínseco como personas, nos hacen conectar y relacionarnos emocionalmente con los demás, deberían ser muy importantes en nuestra vida y acompañarnos hasta el final de ella.”
“Aprender a divertirse, a evolucionar, a adaptarse a lo que vaya viniendo”, insta el sexólogo Pedro Villegas, “Ir cambiando con la edad, ir viendo a lo que te adaptas. Dejar de ver el sexo como algo exclusivo de la juventud, también. Tenemos que empezar a fantasear con que la vida no es para los jóvenes, la vida es para mí.”
La especialista en terapia sexual Ana Pérez recomienda: “Utilizar lubricantes a base de agua, conectar emociones con prácticas sexuales nuevas, evitar las inhibiciones y el miedo, potenciar emociones positivas… es muy fácil conseguir una sexualidad sana y sin problemas con la orientación de los mejores profesionales.”
La psicóloga y sexóloga Rosa Collado aconseja: “Hay que aceptarse. Ya no se es tan joven y la persona puede informarse sobre sus propios cambios y cómo estos afectan a su desempeño sexual, potenciándolo en lugar de inhibirlo. No hay que exigirse el mismo ímpetu de hace veinte años. Ralentizar el proceso y vivirlo sin prisas, disfrutar cada caricia, también es importante, así como hablar de lo que le pasa sin tabús y no avergonzarse de lo que siente. Poder expresar y pedir ayuda, ser claro y conciso en lo que se quiere recibir y en cómo darlo a otro en la práctica de la intimidad, tener una actitud positiva hacia la conducta sexual, ajustar expectativas y dejarse de idealizaciones (no hay una fórmula mágica, hay que adaptarse y flexibilizar en cada situación), alegrarse por sentir placer y poder compartirlo,…”
El sexo es uno de los mayores placeres de la vida, que aporta tanto felicidad como bienestar físico, y no entiende de edades.


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