lunes, 23 de marzo de 2020

7. Crónicas de un encierro involuntario.

7.


Trabajo en el hospital de la Fe en Valencia. Ayer a las 20:00h, la puerta de urgencias estaba llena de policía nacional solidarizándose con nosotros -los trabajadores sanitarios- poniendo en marcha las patrullas de coches, con las sirenas funcionando en reconocimiento a nuestra labor, mientras los que podíamos salíamos a aplaudir homenajeando a los que están en pleno servicio.
¿Por qué la policía se solidariza con nosotros? Porque son los únicos que entienden las deficiencias que estamos pasando. No tenemos nada, ni mascarillas, ni equipos de protección mínima individual. Ayer un compañero en UCI con personas infectadas de coronavirus, solo llevaba la bata, en espera de los productos que se tenían que recibir y que no llegan. Pero como eso, los que lo estamos viviendo, la policía nacional, la guardia civil y los que trabajamos en hospitales, los que van con los camiones… esos sí que sabemos lo que estamos pasando. La percepción es que los políticos no pero que luego sí saben venir a ponernos la medalla, cuando los que estamos en el servicio directo nos estamos jugando nuestra propia salud y la de los nuestros y las medallas sirven de muy poco después, porque lo difícil está ahora y ellos no están. Nos sentimos desprotegidos. Estamos en primera fila, sin trincheras ni nada. De cara al público sin saber qué llega de frente y a qué te estás exponiendo a diario y de forma constante.
Cuando llegamos a casa, nos quedamos en casa. Estamos viviendo un infierno. Después ves a la gente paseando por ahí y te das cuenta
lo bien puestas que están las multas y que tendrían que ser de sanciones más elevadas aún. No saben lo que es nuestro trabajo y tendrían que estar a nuestro lado viendo lo que supone trabajar con enfermos sin saber lo que haya en cada habitación. Si eso se viviera a diario por el que sale “a pasear” como si nada, verías como nada más llegar a casa se duchaba y se ponía alcohol desinfectante por todas las partes del cuerpo y se le irían las ganas de salir de casa. Lo mismo de sacar el perro y de ir a comprar veinticinco veces al día… es lo que tenemos. Gente incívica y poco responsable que no es consciente de cómo nos la estamos jugando todos los días para que este virus deje de propagarse, sin tener conciencia del esfuerzo que hacemos porque esto no es un juego ni unas vacaciones.
Esta es la visión desde dentro del infierno. Es dura y complicada. Mamparas de protección abiertas que no sabes muy bien para qué sirven. Ayer llegaron mascarillas y guantes que no teníamos. No sabemos lo que nos entra por la puerta y atendemos a todo el personal. En las habitaciones no hay protección. El personal de limpieza no tiene mascarillas y a veces ni guantes. Las auxiliares de enfermería, me decían dónde podían conseguir mascarillas efectivas porque no tenían, estando en contacto directo con los afectados. Es un despropósito y la sensación es de no saber por dónde ir. Confusión y falta de medios.
Estamos en situaciones muy peligrosas para la salud y sin medios, y esto se vive como una vergüenza propia y ajena. Hay histeria. Histeria colectiva. La gente salta a la mínima. No quieren que les tranquilices, quieren las cosas enseguida, rápidas, ya. Si antes se quería todo rápido, ahora se ha multiplicado por n. La psicosis y el desequilibrio empieza a darse en muchas personas, por el miedo y el egoísmo de ser atendidos en prioridad.
Estamos indignados porque a nosotros, trabajadores de sanidad, no nos han hecho la prueba del coronavirus estando a diario con pacientes que dan positivo. Llegamos a pensar que tienen miedo de hacernos la prueba por si acaso damos positivo, porque si tuviéramos que irnos nosotros a casa, tendrían que venir los políticos y todos sus amigos a ocupar nuestro sitio.
Hoy hace un mes que no veo a mi madre, por no contagiarle en caso de positivo. La veo desde bajo de la calle, cuando vuelvo a casa, y se asoma al balcón. Yo no subo a su casa porque sé lo que llevo encima. Cuando pase esta situación, ya subiré a verla y estar con ella.
El que pueda quedarse en casa, que se quede. El que pueda trabajar desde casa, que lo haga. Simplemente, no salir. Ya pasará. Los billetes no se comen, son indigestos. Y otra cosa, cuando salís y utilizáis el móvil, limpiadlo con alcohol directamente. Se queda brillante y se desinfecta porque al final lo llevamos más tiempo en las manos que en el bolsillo. Lo que toquéis limpiadlo con alcohol, que no pasa nada.
Esto va para largo, lo veo a diario.
Así que, a cogérselo con calma porque esto no se acaba en poco tiempo y la pinta es de tensión extrema conforme los dispositivos sanitarios lleguen al límite de saturación.


Paco






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