jueves, 30 de abril de 2020

46. Crónicas de un encierro involuntario.

46.


Para mí la cuarentena ha sido agridulce. Al principio fue bastante duro. 
Nos tuvimos que acostumbrar a estar 24h juntos, con horarios dispares y una hija de 2 años. Nuestras diferencias afloraron sin dificultad -aún a día de hoy nos cuesta resolverlas- estuve durante una semana y media bastante fastidiada, tomara lo que tomara no me hacía efecto. 
Lo más duro fue el no poder descansar, el agotamiento físico, el malestar... solo quería estar tranquila para poder dormir. Cualquier mínimo esfuerzo me quitaba el aliento. Esperé durante días la llamada del médico. Nunca tuvo lugar. Decidí ir al ambulatorio cuando mi hija empezó con tos seca, por suerte solo le duró dos días. Solo pudieron decirme que mientras no me ahogara -literalmente, yo o mi hija- no podían hacer nada. En ese caso tendría que acudir a urgencias o al ambulatorio. 
La incertidumbre de cuánto debes ahogarte para que te atiendan fue dura o si desembocaría en una faringitis o algo así. Me dijeron que seguramente seria Covid-19 por los síntomas que presentaba, pero que no tenían test para hacer. 

Ahora estamos bien pero hubo días malos -no lo voy a negar- pero por fortuna hemos conseguido darle la vuelta y nos está sirviendo para crecer como pareja y familia. Estamos disfrutando como enanos de pasar tiempo con nuestra hija. Antes podíamos estar juntos solo los fines de semana -que pasaban volando- pero aún así las rutinas y la aceleración de vida que teníamos entre semana llegábamos cansados. De alguna manera sentía que nos perdíamos cosas y echaba de menos a mi pareja. 
Nos hemos dado cuenta de lo rápido que está creciendo nuestra pequeña, aún seguíamos viéndola como un bebé pero nada más lejos de la realidad. Cada semana que pasa hay un cambio brutal en ella, es lista, espabilada, graciosa, quiere divertirse, aprender, jugar y sobre todo disfrutar con sus padres.  Nos está dando una lección de lo bien que está llevando el encierro. Apenas necesita nada solo atención y juegos. Solo por ella merece la pena esta pausa y sumando que la familia está ganando unidad y amor estamos contentos.
A parte de esto, he retomado el ejercicio. Antes me encantaba ir al gimnasio pero desde que nació mi hija -por falta de tiempo- lo dejé apartado. Me siento genial y con ganas de recuperar mi estado físico de antes. Mi chico se ha animado a dejar de fumar y lo lleva mejor de lo que esperábamos. También nos ha influido en las comidas. Ahora que tenemos tiempo hemos cambiado los menús que solíamos hacer en casa. La comida era una asignatura pendiente que se me hacía cuesta arriba. Con los nuevas recetas voy pillando el truco a la cocina y me encanta. 
La peludita también lo nota. Tenemos una perra de 3 años. La pobre cuando llego la niña quedó en un segundo plano. Pasó de cachorra a perra adulta y a pasar más tiempo sola. Le encanta formar parte de la familia y jugar con todos. Está mucho más cariñosa. Mi hija, la verdad, que anda detrás de ella haciéndole perrerías a la pobre y se deja hacer de todo con tal de contentar. 
Lo malo de todo esto es que nuestros ingresos se han reducido bastante, mi sector está bastante afectado. Trabajaba en un centro de formación y no sé cuándo podré reincorporarme. Mi marido -al reducir la actividad- cobrará lo mínimo. Así, que tendremos unos meses malos por delante, justo ahora que nos estábamos recuperando de mi parón para cuidar a nuestra hija. 

Pero intento pensar en positivo. Al menos tenemos salud, nos encontramos bien y de alguna manera sé que saldremos adelante y nos recuperaremos de esto.

Estrella

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